martes, 30 de diciembre de 2025

La madre de Dios

01 de enero

La madre de Dios (Lc 2, 16-21)


El día 1 de enero es día de muchas cosas. Comienza un año, es el día de la paz, día de buenos (y voluntaristas) propósitos, día de los “manueles” ...; también, día de resaca y asqueo de lo superficial. Hasta la naranja más dulce, si se exprime demasiado, amarga. 

El día 1 de enero es el día, también, de María, madre de Dios; para algunos, blasfemia, para otros, signo cierto de salvación. Seguimos celebrando la locura de un Dios que por amor quiso nacer de las entrañas de una mujer. Humildad de Dios hasta la locura, confianza en nosotros, los hombres, hasta una locura mayor, pero sabiduría y poder de lo alto que nos muestra nuestra dignidad y nos llama a vivir como hijos.

Nos fijamos en María; ella, nos dice el Evangelio, “conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón”. Ni sombra de orgullo, ni rastro ingenuidad. María se abría con lucidez desde la pequeñez de su ser a la realidad de misericordia inmensa que tenía entre sus brazos. Esa ha de ser también nuestra actitud constante. Dios ha puesto en nuestras manos un mundo signo de su amor. Contemplemos la naturaleza, al hermano, al pobre, a nuestra propia vida como signos del amor de Dios que nos llama a custodiarlos y cuidarlos. Vivir como cuando tienes la comunión en la palma de tu mano, tú la acoges con respeto y adoración, ella se hace en ti signo de salvación.


lunes, 22 de diciembre de 2025

¿Qué es una familia?

28 de diciembre

¿Qué es una familia? (Lc 2, 41-52)


La familia es donde aprendemos a ser personas; donde se nos trata con bondad y con paciencia, donde nos sentimos comprendidos y apreciados, donde se nos sobrelleva y donde se nos perdona; y donde se nos enseña a hacer lo mismo con los hermanos. En familia es donde aprendemos a que el amor es “el vínculo de la unidad perfecta” en medio de nuestras imperfecciones, donde nos sentimos en nuestra casa, en nuestro hogar, nos sentimos en paz. La familia es por lo que, cuando maduramos, siempre damos las gracias.

En la familia aprendemos a ser hermanos. Tener hermanos es un derecho básico universal. En familia aprendemos a ser hombre y mujer. Tener padre y madre es, también, un derecho básico universal. En la familia aprendemos la incondicionalidad del amor y de la propia dignidad personal.

Ya sé que no siempre es así. Que la vida, algunas veces por el pecado de unos y de otros, y otras veces por imponderables, no nos permite vivir todo esto. Pero hasta en la carencia y en la falta, hasta en la incoherencia y en el pecado se intuye y se nos alienta a un verdadero amor de familia. Las sombras siempre nos hacen anhelar la luz.

Sagrada Familia de Nazaret, obrera y emigrante, concedednos la gracia de vivir un amor de familia sano y sanante, un amor que es siempre de gracia santificante.


lunes, 15 de diciembre de 2025

San José, hombre y creyente.

21 de diciembre

José, hombre y creyente (Mt 1,18-24)



Desde hace demasiado tiempo todo se polariza en España. Las suspicacias de algunos han llegado hasta la tradición del Belén. “En espacios públicos no se deben poner símbolos religiosos”—dicen. Pueden tener alguna razón, pero cuando esos símbolos son profundamente humanos y están radicalmente enraizados en nuestra cultura, renunciar a ellos es empobrecernos, y dejar un vacío cultural que lo viene a ocupar la mentalidad consumista y superficial del capitalismo. No seamos estúpidos.

En la historia del nacimiento de Jesucristo, san José tiene un papel importantísimo. Es un hombre justo, por encima de las vigencias culturales de su tiempo, terriblemente machistas. Decidió no repudiar a su prometida cuando descubrió que estaba embarazada y no podía ser de él, solo para salvarle la vida. La pena que se les imponía era la de muerte por apedreamiento. Pensándose deshonrado decidió salvar la vida de María y del hijo que traía, en contra de las leyes machistas de su tiempo.

Es, también, ejemplo de creyente. Creyó el anuncio de lo alto que le decía que el niño que tenía María en su seno era fruto del Espíritu Santo; y, sin decir palabra, puso por obra la voluntad de Dios en su vida, y se hizo custodio de la Luz. Los hombres creyentes tenemos en san José un referente esencial. Su sencillez, su generosidad, su entrega, su perseverancia en custodiar la vida, y su fe tienen que inspirarnos a cada uno de nosotros.


miércoles, 10 de diciembre de 2025

Signos de la fe

 Signos de la fe (Mt 11, 2-11)



El humo es signo de que en alguna parte hay fuego; la fiebre, de que en nuestro organismo hay infección. Un abrazo o un beso, si no son fingidos, son signos de cariño, de amistad, de amor verdadero. Los signos físicos son solo señales de la causa que los provoca; los signos humanos refuerzan, afianzan y hacen avanzar el sentimiento que los impulsa. El beso, la caricia o el abrazo acrecientan el afecto mutuo; hacen realidad compartida lo que solo era un sentimiento.

La fe también tiene signos: hechos que muestran cómo el amor de Dios mueve nuestra vida. La oración es signo de nuestra confianza en Dios. La fraternidad y la ayuda al que sufre son signos de que el amor de Dios va transformando nuestra vida. La fe viva siempre da signos de ayuda al más débil, de acogida del diferente, de justicia para el oprimido. La palabra de la fe sin que la acompañen signos de vida suena vacía y hueca. Cuando a Jesús le pregunta Juan el Bautista si es el Mesías no responde con muchas palabras, sino con signos: “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; y a los pobres se les anuncia el Evangelio.” 

Cómo creyentes y como comunidad cristiana, ¿qué signos estamos dando de una fe en el Dios del amor y de la vida, en el Dios de la justica y la paz, en el Dios que es amigo de los pobres?



lunes, 1 de diciembre de 2025

Hacen falta profetas

7 de diciembre 

Hacen falta profetas (Mt 3, 1-12)



Todas las épocas de la historia de la Iglesia tienen su Juan Bautista. La fe parecía languidecer; la hipocresía y los intereses creados parecían haberse adueñado de los representantes de la institución religiosa; el pueblo, con un anhelo latente de verdad, se alienaba en lo cotidiano. Pero Dios siempre suscita, de una manera u otra, a alguien que viviendo en pobreza y cerca de los pobres anuncia la verdad del Evangelio.

En un tiempo fueron los monjes los que, como Juan, se fueron al desierto para renovar a la Iglesia. Después, Francisco de Asís, entre otros, acogió la llamada a vivir pobremente, cerca de los pobres, anunciándoles el Evangelio... Religiosos, laicos, sacerdotes, hombres y mujeres de Dios han retomado constantemente el testigo de preparar el camino del Señor en el seno de su pueblo. Hoy también necesitamos hombres y mujeres que levanten la voz para hacernos mirar nuestra vida con esperanza. Necesitamos comunidades de creyentes que en su vida cotidiana sean testigos de la honestidad desde la pobreza, de la fe con esperanza, de un amor que, llenándose de Dios, se preocupa por el pobre.

Juan Bautista se fue al desierto a convocar al pueblo de Dios a la esperanza de la venida del Mesías. ¿Quién acogerá hoy el testigo de anunciar una fe sincera, sin hipocresía, sin orgullo, sin que la cultura en la que vivimos la ahogue en la superficialidad?


lunes, 24 de noviembre de 2025

trabajador silencioso

30 de noviembre

Un trabajador silencioso (Mt 24,3 7-44)


Ya saben ustedes la historia de Noé, el del arca en la que se salvaron todos los animales del diluvio. Pues fue un trabajador silencioso e incomprendido.

Cuando el Señor llama a los profetas, los llama a anunciar de palabra su voluntad, a denunciar las injusticias y a anunciar la venida del reino. Así también lo hizo Jesucristo, cuya misión fue proclamar la buena nueva del Reino a los pobres. Noé no tuvo una llamada para hablar; en la Biblia ni una sola palabra aparece pronunciada por su boca. Él fue llamado a trabajar con sus manos. El Señor le pide que construya un barco grande, inmenso, y él, sin preguntar, sin cuestionarse, sin escamotear esfuerzos lo hace. Otro hombre importante en la historia de la salvación que no habla, sino que actúa es José, el esposo de María de Nazaret. El Señor le pide y él acoge la voluntad de Dios.

La primera actitud a la que estamos llamados en este nuevo Adviento es no tanto a hablar y hablar, sino a trabajar humildemente en lo que el Señor nos pida. A José le pidió cuidar de la familia de Dios, a Noé ser el trabajador bueno y fiel del que iba a resurgir una nueva humanidad, a pesar de que uno y otro iban a contar con la incomprensión de todos. 

Enseñanza para este adviento: No hables tanto y trabaja humildemente, que el trabajo sencillo acerca a Dios. Del silencio brotará la Palabra que dé a luz la vida.


lunes, 17 de noviembre de 2025

Jubileo de esperanza

 16 de noviembre

Jubileo y esperanza (Lucas 23,35-43)



Toda peregrinación es un camino en el que se anhela el encuentro con el Señor. Un encuentro que parte de una actitud de humilde conversión y de reconocimiento de nuestros pecados; que avanza por la cercanía fraterna con quien sufre, con los más pobres; que culmina en el encuentro comunitario con la vida y el amor desbordante del Padre en su Hijo Jesucristo, que el Espíritu hace realidad en el sacramento de la Eucaristía.

El Señor es un rey especial; tiene y quiere tener un poder especial; es juez, también de una manera especial. Su manera de reinar consiste en servirnos y entregarse por nosotros; su poder se manifiesta en el perdón que nos convierte y nos transforma desde nuestra libertad; su juicio es siempre de una misericordia desbordante, que tiene sed de nuestra acogida. Encontrarnos con este Señor, rey del universo, es vivir una profunda alegría, un inmenso júbilo. Solo quien lo ha experimentado lo comprende.

La cruz es el símbolo de los cristianos porque es el lugar donde el amor de Dios se mostró con mayor nitidez y hondura. En su cruz somos juzgados con misericordia, nuestro corazón se transforma y nos encontramos con un Dios que se entrega, en cuerpo y alma, por nosotros.

Caminar hacia el Señor, como iglesia peregrina, es ya vivir la alegría de los pobres evangelizados que buscan anunciar con su vida el Evangelio.


lunes, 10 de noviembre de 2025

Alarmismo inducido

 Alarmismo inducido (Lucas 21,5-19)

Vivimos en una época de alarmismos exagerados por temas marginales; quizás para que no nos preocupemos de los temas importantes. En política y en la sociedad, muchos temas no mayores ocupan portadas y a los tertulianos; pero que las familias obreras son cada vez más pobres; que las muertes en el puesto de trabajo alcanzan cifras insoportables; que las pantallas está perjudicando gravemente a los niños, a los adolescentes y a los mayores; que se está minando la calidad democrática del estado español; que cada día asesinan a creyentes cristianos por su fe en decenas de países en Asia y África... Solo aparece fugazmente en la opinión publicada.

El papa León XIV, el prudente, nos alienta a lo importante: a amar al prójimo, sobre todo al que está en situación de debilidad; y cooperar con Jesús, como María, con la tarea de la salvación. Por desgracia, ni el mismo papa se libra de los que inducen alarmas ficticias opacando la necesidad del trabajo cotidiano y de la evangelización de cada día.

Las dos columnas de la Iglesia son Pedro y Pablo; uno trabajador del mar, el otro trabajador del cuero. Eso nos invita a alentar con nuestro trabajo cotidiano, lúcidamente y sin alarmismos, la vida, el bien y la justicia; nos invita a alentar la esperanza en un mundo que la necesita tanto como el pan de cada día, como el aire que exigimos trece veces por minuto para ser y, en tanto somos, dar un sí que glorifique, a Dios y a nuestros hermanos.


lunes, 3 de noviembre de 2025

Casa y hogar de Dios

Casa, hogar de Dios (Juan 2,13-22)


Comunidad china católica construyendo una Iglesia en una aldea


La vocación de san Francisco de Asís, así como el desarrollo de toda su vida y misión, es profundamente iluminador, reflejando una sinceridad y una ingenuidad que trasminan pureza y autenticidad. Experimentando una fuerte llamada de Dios, en la capilla abandonada de san Damián escucha, por fin, lo que Cristo le pide: “Reconstruye mi Iglesia”. Él piensa que Cristo le pide que repare aquella capilla deteriorada, y comienza a hacerlo con una dedicación y con una ilusión que contagiaba. Poco a poco se dio cuenta que la Iglesia que había que reconstruir no era un edificio pequeño, sino el Pueblo de Dios, que estaba deteriorado por la avaricia y el orgullo de los clérigos, que habían abandonado a la gente sencilla para vivir en la opulencia.

Francisco reconstruye la Iglesia desde el dinamismo de la Encarnación del Verbo de Dios, es decir, haciéndose pobre y trabajador, compartiendo la suerte de los más humildes y compadeciéndose de los que más sufrían, de los leprosos. Su vida y su lenguaje sencillo hacían más nítido el mensaje del Evangelio. No hablaba a los pobres de Cristo, caminaba con ellos hacia el encuentro del Señor, haciendo en ese camino casa y hogar con ellos.

Hoy también necesitamos a jóvenes que escuchen la llamada del Señor a hacer de nuestras iglesias, casas, hogares para los sencillos, donde se comparta el pan y el Evangelio con los pobres. 


lunes, 27 de octubre de 2025

Santos y difuntos

02 de noviembre

Yo, ya sin carne, veré a Dios (Jb 19, 26)


La revelación de Dios en la Primera Alianza es preparación para la manifestación plena de la verdad en la muerte y resurrección de Jesucristo. Así, en los textos más antiguos, el Antiguo Testamento no conoce la resurrección de los muertos; y transmitían que la recompensa que Dios tiene para los fieles a su palabra se tenía que dar en esta vida, y solo en esta vida, para la persona y sus descendientes. Pero la experiencia cotidiana era profundamente disruptiva con esta creencia: Muchos hombres buenos encontraban una muerte prematura, sin haber disfrutado, como esperaban, de los bienes de Dios, incluso sufriendo por haber sido fieles a Dios y a sus mandatos. 

El prototipo de hombre bueno al que la vida maltrata hasta parecer que se ensaña con él es Job. Y es él quien pronuncia esta sentencia llena de esperanza: “Yo sé que mi Redentor vive, y que al final de los días levantará mi piel en descomposición; y yo, en mi carne, veré a Dios. Yo mismo lo veré; mis ojos, y no los de otro, lo verán.” Una esperanza que se vio colmada y desbordada en Jesucristo.

No es solo que nuestros ojos, en nuestra carne, verán a Dios; es que lo veremos desde una comunión tan profunda con la vida y la plenitud de Jesucristo que formaremos con Él un solo cuerpo. Nuestra carne, comunión e intimidad con los nuestros, será rescatada y plenificada para vivir un amor tal, que en esta vida solo nos atrevemos a anhelar.


lunes, 20 de octubre de 2025

La fuerza de la humildad

26 de octubre

La fuerza de la humildad (Lc 18,9-14)


Dos hombres subieron al templo a rezar. Uno se enorgullecía ante Dios de sus virtudes, despreciando a los demás; otro reconocía su pecado y se humillaba. “Os aseguro que éste bajó a su casa justificado y aquel no” –dice el Señor-. ¡Cuánta fuerza tiene la humildad para impulsar el bien, y cuánta el orgullo para dividir y destruir!

El orgulloso, aunque haga cosas bien, por estar satisfecho consigo mismo y con todo lo que hace, deja de avanzar, deja de aprender, se estanca. El humilde que reconoce sus virtudes y sus defectos –la humildad es la verdad, decía santa Teresa-, sabe que tiene mucho que aprender, y avanza, mejora, sigue buscando el bien que sabe que no ha alcanzado. Si el orgulloso es persona de poder todavía es peor: Si “le bailan el agua”, si “le regalan el oído” está contento; si no es así, se enfada, pierde los estribos, y arremete contra los que se atrevieron a señalar cómo mejorar.

El humilde siembra un clima de armonía que favorece la creatividad y el trabajo en común. Reconoce sus errores con buen humor, y eso es ejemplo para que los que lo rodean también lo hagan, y todo mejore a su alrededor. El humilde sabe que es una simple criatura de Dios; que el Padre le ha concedido algunos dones para el bien de todos; los agradece y cuenta con todo el bien que pueden ofrecer los otros. ¿Cómo no va a escucharlo el Padre?


lunes, 13 de octubre de 2025

La fuerza de la oración

19 de octubre

La fuerza de la oración (Lc 18, 1-18)


El Señor nos llama a rezar cotidianamente, a meditar su palabra, a presentarle nuestra vida y a dejarnos arrostrar por el misterio de su amor. 

Algunos, incluso algunos creyentes, descubren la meditación en el zen o en el budismo porque desatendieron la llamada de Cristo a la oración cotidiana, desde la intimidad en la que somos, y desde la que vivimos. También es verdad que las parroquias y las comunidades cristianas no hemos enseñado ni alentado sino a rezar oraciones vocales, o a vivir una oración mercantilista, o a acudir al Señor en situaciones de problemas o enfermedad grave. 

Pero Jesús quiere estar cerca de nosotros siempre; él quiere sembrar en nosotros la semilla de su presencia constante, para que vivamos en una actitud de serenidad profunda y de acción de gracias. Si quieres vivir sereno y con alegría, reza. La oración te enseñará a dejar los criterios de este mundo; criterios de posesión, de éxito externo, de acumulación, para vivir en la simplicidad y la belleza de su amor. El que reza, ama. El que reza como un pobre, de los pobres se compadece. El que reza por la paz, se hace artesano de la concordia. El que reza incansablemente por la justicia, encuentra modos y formas de impulsar un mundo más humano.

La oración es el pan cotidiano de nuestras almas.


lunes, 6 de octubre de 2025

Arca de la Nueva Alianza

12 de octubre

Arca de la Nueva Alianza (Lc 11, 27-28)


Mil años antes del nacimiento de Jesucristo, el rey David consolidó la institución de la monarquía en el pueblo de Dios. Fue David un hombre, como todos, con luces y sombras. Pero fue haciéndose bueno y justo desde su fe en el Señor, y los valientes consejos y admoniciones de Natán, el profeta. Una de las decisiones más lúcidas y fructíferas de su reinado fue la de sacralizar a Jerusalén, la capital del reino, con el Arca de la Alianza donde se guardaban las Tablas de la Ley. Ese gesto ponía a su reinado y a Jerusalén en el horizonte de la bondad y la justicia del Dios de la misericordia y del Señor de la historia.

También nosotros, pueblo de la alianza nueva y eterna, nos alegramos de poner a María, arca de la Alianza, como luz que queremos que ilumine todo nuestro caminar. El arca contenía unas leyes gravadas en piedra; María contuvo en su vientre al Hijo de Dios, el amor de Dios mismo hecho carne por nosotros. ¡Cuánto bien nos hace a las personas y a los pueblos contar con ejemplos vivos de la valentía, la humildad, la fe, el amor y la solidaridad que queremos vivir! Que todos los países hispanos tengamos a María de Nazaret como estrella que queremos que nos guíe, ofrece a nuestra historia la esperanza de contar siempre con su ejemplo y su protección. 

“María de Nazaret, que nuestras familias y los responsables de nuestros pueblos y de la Iglesia, te tengamos siempre a ti como modelo e inspiración.” ¡Cuánto cambiarían las cosas si en verdad fuera así!


martes, 30 de septiembre de 2025

Con esperanza

Con esperanza (Lc 17, 5-10)


Miramos las noticias de los telediarios, y todo es violencia y corrupción, y niños sufriendo guerras que no entienden; escuchamos lo que ocurre a nuestro alrededor y nos preocupan el difícil presente y futuro de los jóvenes, las dificultades de las familias en las que ha entrado la enfermedad...; miramos hacia dentro de nosotros mismos y vemos la limitación y el pecado de cada día. Y parece que nos falta el aliento y la esperanza.

Es verdad que hay muchas cosas buenas en nuestra vida; es verdad que a veces solo miramos y recordamos lo malo, y tendríamos que purificar nuestra mirada y nuestra memoria; pero eso no quita en nada el sufrimiento de los inocentes, las injusticias que tienen que soportar los débiles. Y decimos: “¡Señor! ¿Hasta cuándo?”

La esperanza es una virtud de relación, como el amor y la fe. Amamos a alguien y nos sentimos amados por alguien. Creemos en la palabra de otra persona. La esperanza creyente también es “esperar en”, esperar en el Hijo. Todo el dolor y el absurdo de este mundo acabará en el abrazo de Cristo, que tiene siempre sus brazos abiertos para nosotros; toda la injusticia y la violencia se verán borradas de la faz de la tierra. Mientras tanto, nosotros, a hacer lo que tenemos que hacer; a trabajar, a orar, a amar a nuestros hermanos, a ayudar al más pobre; sin orgullo, sin victimismo; sabiendo que haciendo lo que tenemos que hacer encontraremos la paz de Cristo, esperanza nuestra.


jueves, 25 de septiembre de 2025

De la lástima y la compasión

28 de septiembre

De la lástima y la compasión (Lc 16, 19-31)

Jesús siempre se sitúa cercano al que sufre. En la parábola que leeremos el próximo domingo se nos narra la situación de dos personas: Un rico que “vestía de púrpura y lino y banqueteaba espléndidamente cada día”; y un pobre, que mendigaba a las puertas de aquel rico, y que “hasta los perros venían a lamerle las llagas”. En tiempos de Jesús todas las personas con discapacidad o los enfermos crónicos se veían obligados a mendigar, no tenían otra posibilidad de ganarse el pan de cada día. 

En la parábola Jesús recuerda el nombre del pobre, se llamaba Lázaro. Nos acerca la humanidad sufriente con rostro, con su nombre propio, haciéndonos cercanos a aquel que necesita de nuestra ayuda, invitándonos a la compasión con él. Compadecerse es muy distinto de “tener lástima”; compadecerse es “padecer-con” los problemas del otro, “sentir-con” sus dificultades, querer acompañarlo reconociendo sus capacidades y su valía. Sentir lástima es tratar al pobre como un número, poniéndole una etiqueta despectiva, dándole una limosna para tranquilizar nuestra conciencia. El amor cristiano siempre es un amor cercano, que busca ayudar al otro, y en lo que se pueda, a levantarse de su postración, a hacerse dueño de su vida y a aportar lo mejor de sí mismo.

Dios nos advierte severamente a que seamos compasivos con los pobres y los que sufren, y acogedores con todos. 


martes, 16 de septiembre de 2025

Del gobierno y los ciudadanos


Del gobierno y los ciudadanos (Lc 16, 1-13)


Nuestras sociedades se han hecho tan complejas que la responsabilidad personal ante los problemas sociales parece diluirse; como si no contáramos, como si no fueran importantes nuestras actitudes personales ante los problemas sociales. La protesta contra el gobierno y los políticos parece la única manera de participación en el ámbito de lo social. Vivimos una suerte de “politicitis”, inflamación de lo político; y tenemos deprimido el “sistema inmunitario” como personas y vecinos.  Pesan demasiado sobre nosotros las palabras de unos y de otros; cuando lo que más nos tendría que preocupar son sus acciones; ya por acertadas, y se ganen continuar, ya por corruptas o erradas y los echemos en las próximas elecciones.

El Evangelio nos pide a todos vivir desde la humildad ante Dios y desde la justicia con nuestros hermanos. Tú eres el que puedes no subir el precio de alquiler de tu piso hasta límites de abuso. Tú eres el que tienes que ofrecer las mejores condiciones de trabajo posibles a tus trabajadores. Tú eres el que puedes dejar de abusar de las bajas laborales y de la desidia que perjudica a tu empresa. Tú eres quien puedes acoger al emigrante con respeto y ofreciéndole tu ayuda en lo que necesite.

Ante Dios no te preguntarán tu opinión sobre los políticos, sino qué hiciste para vivir con justicia con tus hermanos.


lunes, 8 de septiembre de 2025

Nuestras cruces y la Cruz

14 de septiembre

Nuestras cruces y la Cruz (Juan 3, 13-17)

Nuestra vida está llena de muchos momentos de alegría, pero también hay algunos momentos de cruz, de sufrimiento. Algunas de nuestras cruces nos las ganamos a pulso. Actuamos de manera que con nuestros vicios quebrantamos nuestra salud; o con nuestro orgullo alejamos a los buenos amigos; o con nuestra torpeza nos ganamos situaciones difíciles y comprometidas. Pero otras cruces no son así. Hay cruces, muchas veces la más difíciles y dolorosas, que nos vienen sobrevenidas; es decir, que no hemos hecho nada para merecerlas, que por azar se presentan en nuestra vida: enfermedades, accidentes..., nuestros, o de las personas a quien queremos.

La cruz de Jesús fue distinta; no fue fruto, por supuesto, de ningún pecado; tampoco fue fruto de un azar. Él acogió la cruz por mostrar el amor incondicional que el Padre nos tiene; y para asumir libremente nuestra condición humana hasta la misma muerte, y con una muerte de cruz.

Cada vez que nosotros nos negamos a nosotros mismos, y aceptamos sufrir por el bien de las personas a las que queremos, y para alentar a la justicia; o cada vez que abrazamos nuestras cruces desde el amor profundo que Jesús nos tiene; al unir nuestras cruces a la Cruz de Jesús podemos experimentar la paz profunda que Él vino a traer a nuestras vidas. Su Cruz es redención; es salvación; porque Él vino no para condenar, sino para salvar al mundo.


jueves, 4 de septiembre de 2025

Cargar con la cruz

7 de septiembre

Sufridos y felices (Lucas 14, 25-33)


“Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.” El Evangelio de Jesucristo es paradójico. Nos promete felicidad y plenitud de vida, y, a la vez, nos señala la necesidad de cargar con la cruz. Quizás no sea solo el Evangelio, nuestra misma vida, nuestra misma condición de personas es contradictoria y paradójica.

Vivimos con más plenitud cuanto nuestra vida más se vuelca en los demás. Somos más nosotros mismos cuando renunciamos a mantener nuestra imagen y a responder a las expectativas que los demás se han hecho de nosotros. 

Todos, aunque las rehuyamos, vamos a tener que cargar con cruces. Cargar con la cruz e ir en pos de Jesús nos da la certeza de que cargamos con las dificultades y los problemas que merecen la pena, con las que nos hacen más humanos; ir en pos de Jesús, nos ofrece el consuelo y la luz de recorrer el mismo camino que Jesucristo, con la esperanza de vivir con Él y en Él.

En el sagrario y en el silencio encontrarás el sentido profundo de las cruces que Cristo te invita a asumir, por tu bien y por el de los más pobres. La vaciedad y el ruido nos cansan. “La música callada, la soledad sonora, la cena que recrea y enamora” nos hacen vivir con plenitud de sentido y de amor.


lunes, 14 de julio de 2025

Tiempo de hospitalidad

20 de julio

Tiempo de hospitalidad (Lucas 10, 42-38)


El verano es tiempo de descanso, de vivir más lentamente; también es tiempo de encuentros, con la naturaleza, con los amigos, con nuestros propios deseos... Se nos rompe la rutina de todo el año y tenemos la oportunidad de mirar nuestra vida cara a cara. Vamos y venimos; vienen y van; nos acercamos, y se nos acercan vidas distintas que nos alegran y nos permiten abrirnos a lo nuevo.

Es verdad que a los mayores nos parece que ya lo conocemos todo, que todo lo sabemos, que todo lo hemos vivido. Pero no es así. La vida nos plantea siempre novedades, situaciones y personas a las que acoger, dándoles tiempo para dialogar con ellas, para abrirnos al horizonte que nos muestran. "Hospitalidad" significa afecto a los extraños, a los que no están siempre con nosotros. El verano es tiempo de hospitalidad. De quien menos esperamos nos llega la respuesta a alguna de nuestras preguntas; o alguna pregunta a lo que dábamos por sabido. 

Ser hospitalario conlleva preparar a quien viene lo necesario para que se sienta acogido. Pero la verdadera hospitalidad es acoger la vida del otro haciéndole un lugar entrañable en la nuestra. Así lo hizo Abraham con tres caminantes, así lo hizo María de Betania con Jesús. Ambos encontraron lo que anhelaban, sin esperarlo. Buen verano.


lunes, 7 de julio de 2025

Sacerdotes en Oriente Medio

13 de julio

Sacerdotes en Oriente Medio 

(Lucas 10, 25-237)


He tenido en estos días la suerte de conocer a algunos sacerdotes de Oriente Medio, que viven su sacerdocio en situaciones muy graves de guerra, carencias y persecución. Y digo la suerte porque algunos de sus testimonios me han tocado profundamente. 

Como sabéis por los medios de comunicación el sur del Líbano ha sufrido unos bombardeos terribles en la guerra de Israel con la milicia islamista de Hezbollah. Me contaba un sacerdote que mientras todos los que podían huían de la guerra, incluso los obispos, otros compañeros sacerdotes del Prado se quedaban con las familias más pobres que no podían irse, asumiendo por amor a Cristo y por fidelidad a su ministerio entre los pobres lo que pudiera llegarles. También me contaba que en medio de la pobreza y la inseguridad radical los cristianos libaneses lo que con más insistencia le pedían era una palabra de fe y de aliento, de esperanza en Cristo para la situación que vivían. "Los sacerdotes tenemos que enraizarnos en Cristo, porque eso es lo que necesita nuestro pueblo".

La fe cristiana se resume en amor a Cristo y al hermano; y ese amor se verifica en la dificultad, en la pobreza y en la persecución. El testimonio de estos sacerdotes nos anima a todos a no quejarnos ni acobardarnos por las dificultades que tengamos, sino a enraizarnos a Cristo para que Él sea nuestra fortaleza, nuestra salvación y nuestra vida.

 


martes, 1 de julio de 2025

72 y más

72 y más 

(Lucas 10, 1-20)


Suele parecernos que los discípulos de Jesucristo eran los 12 apóstoles y nadie más; nos equivocamos. En Galilea eran muchos los que seguían al Señor de una manera cercana. Un día les propone algo que quizás estaban esperando: Los envía a las aldeas cercanas a predicar el Evangelio; nos dice el evangelio de Lucas que eran 72. 

Naturalmente no estaban completamente preparados para la misión; no lo estaban ni los 12; pero el Señor sabe que solo haciendo aprendemos a hacer. Los envía con algunas advertencias serias: «Os envío como corderos en medio de lobos»; ya entonces anunciar una palabra de misericordia y generosidad no era fácil. Les advierte que no busquen comodidades, ni holguras económicas; la pobreza será el signo de quien anuncia una vida que trasciende los intereses de este mundo. Cuando llegan llenos de ilusión, contando todo lo que habían hecho, el Señor, los recibe con alegría. Sabía de la ambigüedad de sus predicaciones, pero acoge la sinceridad de su intención.

Este pasaje contiene una invitación grande para nosotros: El Señor nos llama a todos a evangelizar, no escoge a un grupo pequeño y selecto; y nos llama a aprender haciendo. Serás buen catequista conforme vayas dando catequesis con ilusión; aprenderás a ayudar a los más pobres cuando la misma misión te vaya enseñando. No tengas miedo a tu inexperiencia, siendo consciente de ella comienza a caminar. 


lunes, 23 de junio de 2025

Las dos columnas de la Iglesia

Las dos columnas de la Iglesia 

(Mateo 16, 13-19)


La voluntad de Dios une los destinos de las personas más dispares, quizás para que su diversidad se haga complementaria; y su servicio en común, signo de un misterio que desborda lo que pensamos y hacemos. Pablo de Tarso y Pedro de Cafarnaúm no podían ser dos judíos más distintos: Uno culto, el otro un pescador; la familia de uno había ganado la ciudadanía romana, el otro sufría los impuestos romanos con rabia y resignación; uno vivía en Jerusalén, el otro vecino de una humilde aldea de Galilea; uno seguidor de Cristo desde los mismos comienzos, el otro perseguidor de cristianos hasta que Cristo lo llamó.

En la misión se hicieron complementarios. Uno solo tenía que contar lo que había visto y oído al lado de Jesús durante tres años. El otro solo tenía que poner al servicio de Jesús todos los estudios que había hecho desde su niñez. Compartían el tesón, y la constancia, y un amor inmenso por Jesucristo, que fue el sentido radical y verdadero de su existencia.

La Iglesia se funda sobre la fe en el Señor, pero necesita personas que, desde lo que somos y vivimos, pongamos nuestras capacidades al servicio del evangelio. El Señor también cuenta contigo. El Señor cuenta sobre todo con jóvenes que quieran dar el paso a entregarse por entero a Él y al anuncio del evangelio.


lunes, 16 de junio de 2025

«Corpus Caritas»

22 de junio

«Corpus Caritas» (Lucas 9, 11-17)


El día del Corpus es día de agradecer la presencia real de Cristo en el sacramento de la Eucaristía; y día de alentarnos a servirlo en nuestros hermanos más pobres: Día de la Eucaristía y día de la Caridad.

La Caridad, el amor cristiano, está presente en todo lo que vivimos desde nuestra fe. Amar es el mandamiento que Jesús nos entregó: «Amaos unos a otros como yo os he amado». En la pareja, con los hijos, en el trabajo, con los amigos, en la parroquia y en el barrio, en todo lugar y momento hemos de vivir desde un amor que tenga su horizonte en el amor de Jesucristo, nuestro Señor. Pero es cuando la vida se pone difícil, cuando más necesitamos el amor de Dios; y es cuando nuestros hermanos pasan más dificultades cuando con más entrega y generosidad se nos pide que los amemos. 

La Eucaristía actualiza la mayor entrega de amor de Cristo por nosotros, su muerte en la cruz y su resurrección. Este sacramento nos pide que vivamos con entrega nuestra compasión con los que más sufren, con los más pobres. Pobre será nuestro culto a la Eucaristía si los pobres no se sienten a gusto a nuestro lado, en nuestras comunidades. Hipócritas serán nuestras celebraciones si se reducen al boato y a la solemnidad, sin que vayan acompañadas de la búsqueda sincera y concreta del bien común y de la justicia.


miércoles, 11 de junio de 2025

De lo que no se puede hablar

De lo que no se puede hablar  

(Juan 16, 12-15)


«De lo que no se puede hablar, hay que callarse», reza el adagio del filósofo vienés de comienzos del siglo XX, Ludvig Wittgenstein. Las personas han hecho poco caso a ese aserto lleno de sensatez y sentido común. Cuando de una realidad profunda y vital no podemos hablar, nos expresamos con el grito, con la metáfora, con la música, con la danza, con la oración.

El Misterio de Dios es una de esas realidades de las que, ciertamente, no se puede hablar. Por eso, la única forma de expresar una experiencia que se escapa entre los dedos de nuestro lenguaje, que se escurre como el agua por los mimbres de la canasta, ha sido la oración: ¡Gloria! «Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu», reza nuestra oración. 

Ante una creación desbordante de belleza y de armonía, de matices y de diversidad, de poder y de fuerza, solo podemos dar gloria al Dios que es origen de todo y que todo lo ha creado. Ante el perdón y la misericordia que el Hijo siembra en nuestro corazón, y que nos permite amar más allá de lo que podíamos imaginar, solo podemos rezar: «Gloria». «Gloria», incluso cuando la vida nos golpea con la enfermedad y el infortunio, con la desgracia y la adversidad porque en todas esas experiencias podemos palpar la comunión íntima con el Hijo, y la esperanza de su resurrección. Gloria también al Espíritu, que nos hace capaces de acoger la misión del Hijo e ir sembrando con Él los surcos del mundo con nuestra humanidad débil y herida, pero querida por Él y revestida de dignidad.


martes, 3 de junio de 2025

Creo en el Espíritu Santo

08 de junio

Creo en el Espíritu Santo (Juan 20, 19-23)


No hay Iglesia ni vida cristiana sin la presencia del Espíritu Santo. El bautismo, que se resume en la amistad con Cristo y que cada día vivimos y nos ilumina, es el sacramento cotidiano del Espíritu. La eucaristía que constituye y alienta la comunidad cristiana es acción del Espíritu en la asamblea convocada por Cristo. Nada hay fuerte y valioso en la vida de las personas sin la presencia del Espíritu.

Algunas veces el Espíritu se nos muestra en la intimidad de la oración, en el «tú a Tú» con el Señor: restaña heridas, perdona pecados, fortalece voluntades, ilumina nuestra conciencia. Es una presencia cotidiana, transparente, que a veces se hace sentir con una fuerza de la que no podemos dudar y que nos llena de vida, «Señor y dador de vida».

Otras veces el Espíritu se hace presente en acontecimientos que nos muestran la voluntad de Dios, que nos abren caminos para realizar la llamada que Él nos hace. «Como el Padre me ha enviado, así os envío yo», dice el Señor; y para que podamos realizar la misión continúa: «Recibid el Espíritu Santo». Un encuentro con una persona, la solución fortuita de algo que parecía difícil, una noticia que nos toca por dentro, un problema que lo cambia todo... El Espíritu nos acompaña en nuestra historia para que aportemos su luz a la historia de los que sufren.

El Espíritu nos hace vivir en la libertad de la entrega, siendo más nosotros mismos. Uno más uno no son dos. 


viernes, 30 de mayo de 2025

La centralidad de Jesucristo

01 de junio

La centralidad de Cristo (Lucas 24, 46-53)



El papa León comenzó su ministerio a la Iglesia universal proponiendo en la primera misa que celebraba como sumo pontífice cuatro principios que quería que rigieran su servicio. El primero de ellos era la centralidad de Cristo en la vida de la Iglesia y en la evangelización. No es poca cosa, aunque parezca que va "de suyo".

Algunos están acostumbrados a que el centro de su espiritualidad sea una imagen, bien que represente a Cristo, o a su Madre, o a algún santo. Para otros un tipo de oración es imprescindible para "vivir la fe"; puede ser el rosario, u otras devociones de menos fundamento; puede ser la música de un grupo moderno o de hace cuarenta años. Para algunos sacerdotes lo único importante para valorar la vida cristiana de una persona es si va a misa los domingos... Pero, ni las imágenes, ni las devociones, ni la misma eucaristía es nada si no buscamos encontrarnos sinceramente con Jesucristo, el Hijo de Dios.

El próximo domingo celebramos la Ascensión de Jesús al Cielo, la fiesta de la centralidad única de Cristo en la Historia de la Salvación. Aquel nazareno humilde y valiente, cercano a los pobres y con ojos infinitamente profundos, aquel que murió en la cruz por nosotros ha ascendido a la misma diestra de Dios Padre. No te canses de escuchar a Jesucristo, de conocerlo, de acogerlo en tu corazón, de seguirlo en lo concreto de tu vida, de proclamarlo como el Salvador; que todo te sirva para seguirlo más de cerca.


lunes, 19 de mayo de 2025

Sin libro de instrucciones

25 de mayo

Sin libro de instrucciones (Juan 14, 23-29)


La vida nos la regalan sin libro de instrucciones. Cuando aprendemos a ser niños, las hormonas nos gastan la broma de convertirnos en adolescentes lacios, tristones, inquietos e irascibles. Cuando nos hacemos con nuestro cuerpo, crecido y cambiado, la vida nos reta a vivir en relación de pareja, y pagando con nuestro trabajo el alquiler o la hipoteca. Poco después, quizás más tarde de la cuenta, nos sorprende la maternidad y la paternidad, cuando ya no nos acordamos qué significa ser niño...

Sin libro de instrucciones y con sorpresas incluidas nos va llamando Dios para vivir el amor en todas estas etapas de nuestra vida. El Espíritu nos reta a vivir con autenticidad, abiertos a lo mejor de nosotros mismos, acogiendo la vida de los otros, traspasando la barrera de nuestras ideas, incluso de nuestros deseos. El Espíritu nos regala el don del amor, que nos hace experimentar siempre nueva la vida cotidiana, que se sirve de nuestra debilidad para hacernos fuertes, que se sirve de nuestros fracasos y caídas para que comencemos con ánimo nuevo a amar.

Jesús no dejó a sus apóstoles un libro de instrucciones para la misión, «solo» su palabra y su Espíritu. Y a nuestras comunidades, a cada uno de nosotros, nos reta hoy a ser signos de una fe que es buena noticia para los pobres, para todos. Pidamos que nos envíe su Espíritu para no vivir con mediocridad esa hermosa y noble tarea.


lunes, 12 de mayo de 2025

Signo de cielos nuevos y tierra nueva

18 de mayo

Signos de cielos nuevos y tierra nueva


En los cielos nuevos y la tierra nueva viviremos como hijos y hermanos; con la íntima plenitud de vivir en las palmas de las manos del Padre; con el gozo de sabernos unos a otros hermanos. Ya no habrá ni desconfianza, ni angustia vital; ya no habrá calumnias, ni malos entendidos. En los cielos y la tierra nueva reinará la justicia y todos tendremos el pan y todo lo necesario de cada día; todos pondremos al servicio de los demás los dones que el Señor nos ha dado con un trabajo humano y en condiciones dignas; y los responsables de las instituciones públicas serán ejemplo de integridad y prudencia...

Sí, ya sé que suena hermoso, aunque irrealizable. Pero no es así; cada día, cada vez que una persona ama a su hermano en lo concreto y cercano, y se sabe amada por Dios en su Hijo Jesucristo se van realizando esos cielos nuevos y esa tierra nueva. El final hermoso, que se nos promete, y el camino a recorrer para llegar es el mismo: amarnos como Jesucristo nos amó.

Los primeros apóstoles impulsados por el Espíritu como misioneros fueron creando comunidades de creyentes por donde iban: en Corinto, en Éfeso, en Tesalónica y en Antioquía. Comunidades de fe en Cristo y de amor fraterno, también a los más débiles. Cada comunidad, cada parroquia ha de ser signo de los cielos nuevos y la tierra nueva que se nos promete. Permíteme una pregunta ¿Es tu comunidad signo de esa tierra donde habitará la justicia?


lunes, 5 de mayo de 2025

Lo extraordinario en lo cotidiano

11 de mayo

Lo extraordinario en lo cotidiano 

(Juan 10,27-30)


Durante un tiempo no muy largo, los 11, las mujeres y otros discípulos tuvieron la experiencia extraordinaria de ver a Jesús resucitado, y de experimentarlo como fuente de una vida que los cambió por completo. Ese tiempo acabó, pero los discípulos siguieron -seguimos- experimentando la vida extraordinaria de Cristo en nuestra vida ordinaria, muchas veces gris y opaca, pero que se llena de una luz que no podemos explicar sin Él.

Experimentamos su presencia de Buen Pastor cuando acogemos con amor y con esperanza las dificultades de cada día. «El Señor es mi pastor, nada me falta», rezamos con una serenidad que viene de lo alto. Experimentamos su presencia en las personas, muchas veces pequeñas y sin trascendencia para el mundo, que viven un testimonio de entrega a los que sufren, un amor abnegado y sacrificado con una fortaleza y una alegría que no se puede explicar sin Él. Experimentamos su presencia en tantos cristianos que viven salvando obstáculos para la evangelización. Barreras personales: prejuicios, intereses, cobardía. Y barreras exteriores: menosprecio, burlas, persecución.

También nosotros experimentamos, muchas veces, su resurrección, cuando en lo cotidiano se nos desvela lo extraordinario de su fuerza. Así se cumple en nosotros: "Los conducirá hacia fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugara las lágrimas de sus ojos."


lunes, 28 de abril de 2025

Signos de Resurrección

4 de mayo

Iglesia, signo de la resurrección




El mayor signo de la resurrección de Jesucristo somos los creyentes, los cristianos, nuestra vida de fe y de caridad. Nuestra manera de afrontar las dificultades sabiéndonos acompañados y protegidos por Cristo, nuestros signos de cercanía y de amor por los más pobres, nuestro impulso apostólico y nuestro afán de compartir una fe que nos llena de luz y de vida, éstos son los signos desde los que las personas pueden acercarse a la historia de un hombre que pasó por la Tierra hace 2025 años y preguntarse si estará o no en él el verdadero sentido de toda nuestra vida, la verdadera salvación.

Los signos de que Cristo es fuente de vida verdadera solo se pueden dar en comunidad. La heroicidad de uno habla de él mismo; el amor y la fe de una comunidad que acoge a los débiles y a los fuertes, a los cultos y a los sencillos, a todos, habla de Alguien que los sobrepasa y los trasciende. El pan partido y compartido es signo, desde siempre, de la comunión con Cristo, que es fuente de vida.

No te preguntes si eres digno de ser cristianos. De por ti, no; tú sabes de tus limitaciones y egoísmos. Pero Cristo por cada incoherencia que hayas vivido, solo te preguntará: «¿Me quieres? ¿Estás dispuesto a que yo te cambie por dentro? ¿Quieres poner tu vida a mi servicio?» Y te llamará a vivir con él: «Sígueme». 

Que nuestras comunidades sean el signo que necesitan las personas hoy para acoger la gracia y la bondad de Jesucristo.


lunes, 21 de abril de 2025

Gracias Padre por el papa Francisco

24 de abril

Gracias Padre por el papa Francisco


Elevemos una oración agradecida al Padre por la vida y el ministerio del papa Francisco, el papa de la misericordia, el papa de los pobres, el papa de la mano tendida siempre a todos. Su ministerio ha sido, como reza para el obispo de Roma, primado de caridad.

Se negaba a condenar a quienes por las circunstancias complejas de la vida no podían vivir a la perfección las exigencias de la moral cristiana; a todos acogió, a veces con palabras de cariño, otras con silencio respetuoso. Se preocupó, como ningún otro pontífice, de la destrucción de la naturaleza a la que está llevando un sistema consumista que tiene en su corazón dinero y solo dinero. Un sistema que destruye a la vez la naturaleza y el presente y el futuro de los hombres, de las mujeres y los niños. No tuvo miedo de hacer propuestas concretas que hicieran avanzar la justicia y el bien común, a riesgo de equivocarse.

No hubo sufrimiento de las personas y de los pueblos que no encontrara en él una oración sincera; siempre dispuesto a ofrecer, con pasión y con alegría, la esperanza de la fe en Jesucristo. Ofrezcamos por él, en esta octava pascual que culmina en el domingo de la misericordia, una oración agradecida.

Nuestra fe es en Cristo Resucitado: Un amor tan grande no podía hundirse en la tierra sin dar fruto, sin dar mucho fruto. Que también nuestra vida sea fruto de ese amor del que por la fe participamos.


lunes, 14 de abril de 2025

Jueves Santo

17 de abril

Jueves Santo

Día del amor más grande. Tarde en el que el servicio humilde se entroniza a lo más alto. Tarde en la que la nueva alianza de Dios con los hombres se hace sacramento de pan y vino. Día en el que el orgullo y la traición han puesto ya su semilla en el corazón del discípulo, que no se rinde ante tanto amor. Tarde del «haced esto en memoria mía». Día del amor fraterno. Noche en la que la oración más amarga se prolonga en intimidad y consuelo. Noche del «no se haga mi voluntad, sino la tuya»

No cabe más en un día, y solo fueron tres gestos: el maestro que lava los pies de los discípulos; el señor que comparte el pan y el vino con sus amigos; el hijo que en la intimidad pone su vida en las manos del Padre.

Vivir la fe es caminar escuchando el interior de la vida, que siempre nos desborda. Por eso, los creyentes vivimos nuestra fe entre los ritos y la vida. En el cada día buscamos vivir un amor sincero, sin mentiras; en el sacramento se nos regala, sin que lo entendamos, el misterio del amor más grande, del amor que nos salva. No pudiendo meterse en una palabra, el amor se hizo gesto; se hizo pan entregado, signo a la vez de la cruz y de la resurrección. 

Aún para quien no crea, el Jueves Santo merece el silencio más grande de quien contempla una belleza que no comprende.


lunes, 7 de abril de 2025

La Pasión según san Lucas


La Pasión según san Lucas

Nos ofrece la Iglesia cuatro miradas creyentes sobre la Pasión de Jesús. La mirada de san Juan se proclama todos los viernes santos. En el domingo de ramos se van alternando las de san Mateo, san Marcos y san Lucas, la de este año. Lucas tiene detalles propios en su narración de la Pasión que pueden hacernos reflexionar.

Es la Pasión en la que el perdón de Jesús aparece con más nitidez. “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, reza Jesús desde el patíbulo de la cruz por los que lo están martirizando. “Hoy estarás conmigo en el paraíso”, dice al ladrón arrepentido que estaban crucificando con él. La profunda humanidad de Cristo y su inexplicable fortaleza se ponen de manifiesto en este perdón. Solo perdona quien es radicalmente dueño de sus sentimientos y pone la bondad por encima de todo, de todos, y de sí mismo. El perdón de Jesús es un gesto supremo de su grandeza, manifestación de su divinidad.

Otra frase exclusiva de Lucas es la que pronuncia al pasar de este mundo a las manos del Padre: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Ser consciente de morir en las manos del Padre es fuente de una paz y una serenidad que nos muestran la profundidad de la fe del Señor. La intimidad entre el Padre y el Hijo es la senda que nos abre Jesús, y por donde también nosotros podemos caminar en nuestra vida, sabiéndonos perdonados, buscando cumplir en todo su voluntad de amor.


miércoles, 2 de abril de 2025

Justificaciones o perdón

Justificaciones o perdón (Juan 8, 1-11)


Tenemos gran habilidad para justificarnos. Para el pecado ajeno somos severos e inflexibles; pero para el propio siempre encontramos una razón oculta, una circunstancia atenuante, un mal previo que nos forzó a actuar de aquella manera en la que hicimos lo que no se debe. Comenzamos por justificarnos el mal que cometimos, seguimos por verlo también comprensible en los demás, y acabamos por relativizar lo bueno sin que nuestro comportamiento tenga ya criterio que no sea la recriminación de los demás.

Pero el mal es mal; y es mal porque nos destruye y destruye al que nos rodea; porque cercena alguna de nuestras mejores cualidades personales o hace daño a los que tenemos cerca. Cuando nos justificamos de esa manera nos enquistamos en la mediocridad.

El perdón es otra cosa. Cuando acogemos el perdón de Dios o de quien nos quiere, no disculpamos nuestro comportamiento errado, acogemos el amor de quien sabe que somos más que nuestros errores; de quien espera más de nosotros; de quien siempre pone en nosotros su esperanza. Acoger el perdón conlleva reconocer el mal y buscar la fuerza interior necesaria para vivir con la dignidad de hijos de Dios. El perdón hace más justa a la persona si lo acoge con sinceridad.

Ni condenas, ni falsas justificaciones; necesitamos ser perdonados desde el amor que vive en esperanza.


lunes, 24 de marzo de 2025

Todos hijos

Todos hijos (Lucas 15, 11-32)


El evangelista Lucas nos regala una parábola de Jesús que no está en los otros evangelios y que tiene una fuerza de interpelación y de consuelo como pocas páginas de la literatura universal: la parábola del hijo pródigo. Un hombre tenía dos hijos, y ninguno de los dos era feliz a su lado. Se habían hecho una falsa imagen de la vida, que les impedía vivir íntimamente del amor del padre. El más joven se fue lejos con “su parte” de la herencia del padre y lo malgastó todo; en ese momento se dio cuenta de cómo había despreciado a quien tanto lo quería. El mayor se quedó con en la casa del padre trabajando sin alegría, envidiando lo que el menor estaba disfrutando, pensando que su padre era como un patrón exigente y severo. 

La parábola no tiene un final redondo y feliz. El hijo mayor no es capaz de acoger al menor cuando regresa. Las dudas siguen sobre si el menor no se aprovechará de la bondad sin condiciones del padre... Pero nos vamos a permir soñar con un final en el que los hermanos reconocen cómo es el amor del Padre el que los ha hecho ser, que todos han sido reconciliados en los brazos abiertos del Padre, y se aceptan unos a otros en sus limitaciones y su bondad. Un final en el que el hijo menor asume sus responsabilidades por amor, y en el que el hijo mayor reconoce que el amor a su hermano es más importante que sus ideas y criterios.

San Pablo expresa este sueño en una petición: “En nombre de Cristo os suplicamos que os dejéis reconciliar con Dios.” 


lunes, 17 de marzo de 2025

Signos de esperanza

Signos de esperanza (Lucas 13, 1-9)


Que un familiar enfermo se recupere, que un joven encuentre trabajo, que los niños crezcan sanos y alegres, que quien necesitó ayuda se ofrezca a ayudar a otros, que se cree una empresa que dé trabajo a unas cuantas familias, que la parroquia vaya creciendo en fe y en alegría, que vengan familias buenas a vivir a nuestro barrio... Todos son signos de esperanza que van llenando nuestro corazón de un amor más grande y más profundo que todos ellos.

La esperanza es un misterio, un misterio que nos da vida. No vivimos en esperanza porque las cosas vayan bien, sino porque sabemos que nuestra vida está en manos de Aquel que nos quiere. Llegarán tiempos en que los signos de esperanza falten y solo nos podamos agarrar a la cruz de Jesús, la única esperanza que nunca defrauda porque es esperanza de un amor definitivo y de una vida eterna. 

El evangelio está lleno de los signos de esperanza que daba Jesús. El mismo pueblo de Dios se constituye desde el signo de esperanza de la liberación de la esclavitud en Egipto. Hoy también nosotros estamos llamados a ser signos de esperanza: ofrecer ayuda concreta a los que pasan dificultades; acompañar a los niños y jóvenes en su crecimiento en la vida y en la fe; participar asociaciones que busquen una mayor justicia social; y el más difícil de todos, tener una vida íntegra que no se deje corromper por la comodidad, la mentira o el dinero. Dios tiene puesta su esperanza en ti; ese también es un misterio grande.


lunes, 10 de marzo de 2025

Mirar el horizonte

16 de marzo

Mirar el horizonte (Lucas 9, 28-36)


Antes de emprender el camino siempre miramos el horizonte. Oteamos el destino, calculamos el tiempo y el esfuerzo necesario para alcanzarlo; respiramos y comenzamos a caminar. Así también cuando el camino no es físico sino personal. En ese caso es todavía más importante llenarnos las pupilas de la plenitud y la vida que nos espera después de los esfuerzos.

Jesús hizo lo propio con los tres discípulos que más cercanos quería tener siempre: Juan, Pedro y Santiago. Los llevó a una montaña alta y allí les mostró el resplandor de la humanidad y del amor que iban a alcanzar siguiéndolo hasta Jerusalén y el Calvario. Ellos no sabían todo lo que iba a ocurrir, pero Jesús quiso que levantaran la vista y experimentaran un retazo de la plenitud de la resurrección. Los sinsabores, las dificultades, la negación de lo que se nos apetece, las incomprensiones, los sacrificios, la cruz..., todo se haría más llevadero contemplando el final. 

Pero con solo esa visión, los discípulos no hubieran llegado tan lejos. El verdadero motivo y motor de nuestra vida es el amor. Solo en la experiencia del amor cotidiano, cercano y tierno podemos seguir avanzando hasta cumplir la misión que se nos encomienda, la tarea que sabemos que hemos de cumplir. Solo el amor nos da sentido y alegría. Por eso, hemos de pedir el amor de cada día –como el pan-, para poder entregar cada día amor; y avanzar hasta el día que no tiene fin. 


domingo, 2 de marzo de 2025

Nuestras tentaciones

09 de marzo

Nuestras tentaciones (Lucas 4, 1-13)


El primer domingo de Cuaresma, el evangelio de la misa siempre nos invita a meditar sobre las tentaciones de Jesús. Hombre como nosotros, Jesús fue tentado por la idea de poner su comodidad y sus gustos por encima de la voluntad de Dios; y por una superación de sí mismo no para realizar el amor verdadero, que tenía como misión, sino para buscar honores, dinero o poder. También nosotros nos vemos tentados por todo esto. Pero nuestras tentaciones son más burdas.

Estamos tentados de vivir como si nada fuera pecado; como si nuestros comportamientos, en lo afectivo, en lo familiar o en lo profesional, no tuvieran consecuencias. Nuestra cultura nos infantiliza hasta que llegados a los 40 vemos fracasadas, para siempre, nuestras mejores posibilidades. Estamos tentados de creer que toda tentación es sexual. La sexualidad es una fuerza importante en lo que somos y tenemos la obligación de encauzarla por sendas de humanidad y de bondad. Pero hay otras instancias que bajo un espejismo de bienestar nos hacen renunciar a lo mejor de nosotros mismos: el miedo a comprometernos con la bondad descubierta; el orgullo que nos hace romper íntimamente con los otros; la violencia en nuestras reacciones, que aleja de nosotros toda amistad; el vender nuestra vida al dinero...

La tentación es el espejismo de creer que viviremos felices lejos del amor (de Dios).


lunes, 24 de febrero de 2025

Ciegos de qué

23 de febrero

Ciegos de qué (Lucas 6, 39-45)


Ciegos con tantas imágenes que entretienen, que alienan, que sorprenden hasta que reiteradas hastían, que engañan, que sobrecogen hasta que se atraviesan el umbral del interés; de noticias interesadas, contradictorias, falsas...; ciegos de ideologías que nos impiden ponderar el sufrimiento del otro y hasta nuestra propia realidad. Ciegos ante la realidad de la pobreza infantil que en España es la más alta de Europa. Ciegos ante los centenares de muertes de obreros en su puesto de trabajo que se producen cada año. Ciegos ante la corrupción de los nuestros, aunque hipersensibles a la de los demás. Ciegos ante los problemas de una juventud maniatada por falta de oportunidades.

Ciegos también por orgullo y por costumbre a nuestros propios pecados. Ciegos al dolor que provocamos en las personas que queremos. Ciegos ante la mediocridad de nuestra vida. 

Ciegos, también, para las maravillas que Dios despliega cada día ante nuestros ojos. Ciegos ante los rojos amaneceres y la noche serena; ante la bondad de los mayores y la ilusión de los niños; ciegos ante la bondad que habita el corazón de cada persona, de cada hijo de Dios. Ciegos al amor de Dios en el que existimos y somos.

Que no seamos ciegos guiando a otros ciegos porque como nos dice el Señor, todos vamos a acabar en el hoyo.


lunes, 17 de febrero de 2025

Amor incondicional

23 de febrero

Amor incondicional (Lucas 6, 27-38)



Cuando un bebe viene a nuestra casa nos volvemos a dar cuenta de qué tipo de amor es el que nos hace personas. El niño pequeño no ha hecho nada por sus padres, o por sus abuelos, o por sus hermanos mayores, y, sin embargo, recibe incondicionalmente todas las atenciones necesarias, y más. Una sola sonrisa del bebe vale para borrar noches de desvelo y preocupación.

Lo que nos hace personas es un amor incondicional, entregado, sufrido, que no mira el bien propio sino el del otro, que encuentra su alegría en el gozo del otro. Así se nos hace personas, y solo cuando podemos entregar a otro esa experiencia de amor nuestro corazón descansa en paz. Así es también el amor de Dios, Él nos hizo a su imagen y semejanza, capaces, con necesidad de amar de manera incondicional.

A veces nos sobrarán motivos para guardar rencor, incluso para odiar; la prudencia nos invitará a ayudar esperando una ayuda recíproca por parte del otro. Todo esto es humano, pero el soplo del Espíritu que hace vivir nuestra alma viene de otro sitio. Necesitamos que nos amen con nuestros defectos, perdonando nuestros errores, acogiendo nuestros traumas, sin cálculos de beneficios. Así también necesitamos amar. Sin un amor así, nada humano permanece, nada puede llamarse amor. Donde no hay pon amor y sacarás amor, que decía san Juan de la Cruz.