lunes, 28 de abril de 2025

Signos de Resurrección

4 de mayo

Iglesia, signo de la resurrección




El mayor signo de la resurrección de Jesucristo somos los creyentes, los cristianos, nuestra vida de fe y de caridad. Nuestra manera de afrontar las dificultades sabiéndonos acompañados y protegidos por Cristo, nuestros signos de cercanía y de amor por los más pobres, nuestro impulso apostólico y nuestro afán de compartir una fe que nos llena de luz y de vida, éstos son los signos desde los que las personas pueden acercarse a la historia de un hombre que pasó por la Tierra hace 2025 años y preguntarse si estará o no en él el verdadero sentido de toda nuestra vida, la verdadera salvación.

Los signos de que Cristo es fuente de vida verdadera solo se pueden dar en comunidad. La heroicidad de uno habla de él mismo; el amor y la fe de una comunidad que acoge a los débiles y a los fuertes, a los cultos y a los sencillos, a todos, habla de Alguien que los sobrepasa y los trasciende. El pan partido y compartido es signo, desde siempre, de la comunión con Cristo, que es fuente de vida.

No te preguntes si eres digno de ser cristianos. De por ti, no; tú sabes de tus limitaciones y egoísmos. Pero Cristo por cada incoherencia que hayas vivido, solo te preguntará: «¿Me quieres? ¿Estás dispuesto a que yo te cambie por dentro? ¿Quieres poner tu vida a mi servicio?» Y te llamará a vivir con él: «Sígueme». 

Que nuestras comunidades sean el signo que necesitan las personas hoy para acoger la gracia y la bondad de Jesucristo.


lunes, 21 de abril de 2025

Gracias Padre por el papa Francisco

24 de abril

Gracias Padre por el papa Francisco


Elevemos una oración agradecida al Padre por la vida y el ministerio del papa Francisco, el papa de la misericordia, el papa de los pobres, el papa de la mano tendida siempre a todos. Su ministerio ha sido, como reza para el obispo de Roma, primado de caridad.

Se negaba a condenar a quienes por las circunstancias complejas de la vida no podían vivir a la perfección las exigencias de la moral cristiana; a todos acogió, a veces con palabras de cariño, otras con silencio respetuoso. Se preocupó, como ningún otro pontífice, de la destrucción de la naturaleza a la que está llevando un sistema consumista que tiene en su corazón dinero y solo dinero. Un sistema que destruye a la vez la naturaleza y el presente y el futuro de los hombres, de las mujeres y los niños. No tuvo miedo de hacer propuestas concretas que hicieran avanzar la justicia y el bien común, a riesgo de equivocarse.

No hubo sufrimiento de las personas y de los pueblos que no encontrara en él una oración sincera; siempre dispuesto a ofrecer, con pasión y con alegría, la esperanza de la fe en Jesucristo. Ofrezcamos por él, en esta octava pascual que culmina en el domingo de la misericordia, una oración agradecida.

Nuestra fe es en Cristo Resucitado: Un amor tan grande no podía hundirse en la tierra sin dar fruto, sin dar mucho fruto. Que también nuestra vida sea fruto de ese amor del que por la fe participamos.


lunes, 14 de abril de 2025

Jueves Santo

17 de abril

Jueves Santo

Día del amor más grande. Tarde en el que el servicio humilde se entroniza a lo más alto. Tarde en la que la nueva alianza de Dios con los hombres se hace sacramento de pan y vino. Día en el que el orgullo y la traición han puesto ya su semilla en el corazón del discípulo, que no se rinde ante tanto amor. Tarde del «haced esto en memoria mía». Día del amor fraterno. Noche en la que la oración más amarga se prolonga en intimidad y consuelo. Noche del «no se haga mi voluntad, sino la tuya»

No cabe más en un día, y solo fueron tres gestos: el maestro que lava los pies de los discípulos; el señor que comparte el pan y el vino con sus amigos; el hijo que en la intimidad pone su vida en las manos del Padre.

Vivir la fe es caminar escuchando el interior de la vida, que siempre nos desborda. Por eso, los creyentes vivimos nuestra fe entre los ritos y la vida. En el cada día buscamos vivir un amor sincero, sin mentiras; en el sacramento se nos regala, sin que lo entendamos, el misterio del amor más grande, del amor que nos salva. No pudiendo meterse en una palabra, el amor se hizo gesto; se hizo pan entregado, signo a la vez de la cruz y de la resurrección. 

Aún para quien no crea, el Jueves Santo merece el silencio más grande de quien contempla una belleza que no comprende.


lunes, 7 de abril de 2025

La Pasión según san Lucas


La Pasión según san Lucas

Nos ofrece la Iglesia cuatro miradas creyentes sobre la Pasión de Jesús. La mirada de san Juan se proclama todos los viernes santos. En el domingo de ramos se van alternando las de san Mateo, san Marcos y san Lucas, la de este año. Lucas tiene detalles propios en su narración de la Pasión que pueden hacernos reflexionar.

Es la Pasión en la que el perdón de Jesús aparece con más nitidez. “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, reza Jesús desde el patíbulo de la cruz por los que lo están martirizando. “Hoy estarás conmigo en el paraíso”, dice al ladrón arrepentido que estaban crucificando con él. La profunda humanidad de Cristo y su inexplicable fortaleza se ponen de manifiesto en este perdón. Solo perdona quien es radicalmente dueño de sus sentimientos y pone la bondad por encima de todo, de todos, y de sí mismo. El perdón de Jesús es un gesto supremo de su grandeza, manifestación de su divinidad.

Otra frase exclusiva de Lucas es la que pronuncia al pasar de este mundo a las manos del Padre: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Ser consciente de morir en las manos del Padre es fuente de una paz y una serenidad que nos muestran la profundidad de la fe del Señor. La intimidad entre el Padre y el Hijo es la senda que nos abre Jesús, y por donde también nosotros podemos caminar en nuestra vida, sabiéndonos perdonados, buscando cumplir en todo su voluntad de amor.


miércoles, 2 de abril de 2025

Justificaciones o perdón

Justificaciones o perdón (Juan 8, 1-11)


Tenemos gran habilidad para justificarnos. Para el pecado ajeno somos severos e inflexibles; pero para el propio siempre encontramos una razón oculta, una circunstancia atenuante, un mal previo que nos forzó a actuar de aquella manera en la que hicimos lo que no se debe. Comenzamos por justificarnos el mal que cometimos, seguimos por verlo también comprensible en los demás, y acabamos por relativizar lo bueno sin que nuestro comportamiento tenga ya criterio que no sea la recriminación de los demás.

Pero el mal es mal; y es mal porque nos destruye y destruye al que nos rodea; porque cercena alguna de nuestras mejores cualidades personales o hace daño a los que tenemos cerca. Cuando nos justificamos de esa manera nos enquistamos en la mediocridad.

El perdón es otra cosa. Cuando acogemos el perdón de Dios o de quien nos quiere, no disculpamos nuestro comportamiento errado, acogemos el amor de quien sabe que somos más que nuestros errores; de quien espera más de nosotros; de quien siempre pone en nosotros su esperanza. Acoger el perdón conlleva reconocer el mal y buscar la fuerza interior necesaria para vivir con la dignidad de hijos de Dios. El perdón hace más justa a la persona si lo acoge con sinceridad.

Ni condenas, ni falsas justificaciones; necesitamos ser perdonados desde el amor que vive en esperanza.