martes, 30 de septiembre de 2025

Con esperanza

Con esperanza (Lc 17, 5-10)


Miramos las noticias de los telediarios, y todo es violencia y corrupción, y niños sufriendo guerras que no entienden; escuchamos lo que ocurre a nuestro alrededor y nos preocupan el difícil presente y futuro de los jóvenes, las dificultades de las familias en las que ha entrado la enfermedad...; miramos hacia dentro de nosotros mismos y vemos la limitación y el pecado de cada día. Y parece que nos falta el aliento y la esperanza.

Es verdad que hay muchas cosas buenas en nuestra vida; es verdad que a veces solo miramos y recordamos lo malo, y tendríamos que purificar nuestra mirada y nuestra memoria; pero eso no quita en nada el sufrimiento de los inocentes, las injusticias que tienen que soportar los débiles. Y decimos: “¡Señor! ¿Hasta cuándo?”

La esperanza es una virtud de relación, como el amor y la fe. Amamos a alguien y nos sentimos amados por alguien. Creemos en la palabra de otra persona. La esperanza creyente también es “esperar en”, esperar en el Hijo. Todo el dolor y el absurdo de este mundo acabará en el abrazo de Cristo, que tiene siempre sus brazos abiertos para nosotros; toda la injusticia y la violencia se verán borradas de la faz de la tierra. Mientras tanto, nosotros, a hacer lo que tenemos que hacer; a trabajar, a orar, a amar a nuestros hermanos, a ayudar al más pobre; sin orgullo, sin victimismo; sabiendo que haciendo lo que tenemos que hacer encontraremos la paz de Cristo, esperanza nuestra.


jueves, 25 de septiembre de 2025

De la lástima y la compasión

28 de septiembre

De la lástima y la compasión (Lc 16, 19-31)

Jesús siempre se sitúa cercano al que sufre. En la parábola que leeremos el próximo domingo se nos narra la situación de dos personas: Un rico que “vestía de púrpura y lino y banqueteaba espléndidamente cada día”; y un pobre, que mendigaba a las puertas de aquel rico, y que “hasta los perros venían a lamerle las llagas”. En tiempos de Jesús todas las personas con discapacidad o los enfermos crónicos se veían obligados a mendigar, no tenían otra posibilidad de ganarse el pan de cada día. 

En la parábola Jesús recuerda el nombre del pobre, se llamaba Lázaro. Nos acerca la humanidad sufriente con rostro, con su nombre propio, haciéndonos cercanos a aquel que necesita de nuestra ayuda, invitándonos a la compasión con él. Compadecerse es muy distinto de “tener lástima”; compadecerse es “padecer-con” los problemas del otro, “sentir-con” sus dificultades, querer acompañarlo reconociendo sus capacidades y su valía. Sentir lástima es tratar al pobre como un número, poniéndole una etiqueta despectiva, dándole una limosna para tranquilizar nuestra conciencia. El amor cristiano siempre es un amor cercano, que busca ayudar al otro, y en lo que se pueda, a levantarse de su postración, a hacerse dueño de su vida y a aportar lo mejor de sí mismo.

Dios nos advierte severamente a que seamos compasivos con los pobres y los que sufren, y acogedores con todos. 


martes, 16 de septiembre de 2025

Del gobierno y los ciudadanos


Del gobierno y los ciudadanos (Lc 16, 1-13)


Nuestras sociedades se han hecho tan complejas que la responsabilidad personal ante los problemas sociales parece diluirse; como si no contáramos, como si no fueran importantes nuestras actitudes personales ante los problemas sociales. La protesta contra el gobierno y los políticos parece la única manera de participación en el ámbito de lo social. Vivimos una suerte de “politicitis”, inflamación de lo político; y tenemos deprimido el “sistema inmunitario” como personas y vecinos.  Pesan demasiado sobre nosotros las palabras de unos y de otros; cuando lo que más nos tendría que preocupar son sus acciones; ya por acertadas, y se ganen continuar, ya por corruptas o erradas y los echemos en las próximas elecciones.

El Evangelio nos pide a todos vivir desde la humildad ante Dios y desde la justicia con nuestros hermanos. Tú eres el que puedes no subir el precio de alquiler de tu piso hasta límites de abuso. Tú eres el que tienes que ofrecer las mejores condiciones de trabajo posibles a tus trabajadores. Tú eres el que puedes dejar de abusar de las bajas laborales y de la desidia que perjudica a tu empresa. Tú eres quien puedes acoger al emigrante con respeto y ofreciéndole tu ayuda en lo que necesite.

Ante Dios no te preguntarán tu opinión sobre los políticos, sino qué hiciste para vivir con justicia con tus hermanos.


lunes, 8 de septiembre de 2025

Nuestras cruces y la Cruz

14 de septiembre

Nuestras cruces y la Cruz (Juan 3, 13-17)

Nuestra vida está llena de muchos momentos de alegría, pero también hay algunos momentos de cruz, de sufrimiento. Algunas de nuestras cruces nos las ganamos a pulso. Actuamos de manera que con nuestros vicios quebrantamos nuestra salud; o con nuestro orgullo alejamos a los buenos amigos; o con nuestra torpeza nos ganamos situaciones difíciles y comprometidas. Pero otras cruces no son así. Hay cruces, muchas veces la más difíciles y dolorosas, que nos vienen sobrevenidas; es decir, que no hemos hecho nada para merecerlas, que por azar se presentan en nuestra vida: enfermedades, accidentes..., nuestros, o de las personas a quien queremos.

La cruz de Jesús fue distinta; no fue fruto, por supuesto, de ningún pecado; tampoco fue fruto de un azar. Él acogió la cruz por mostrar el amor incondicional que el Padre nos tiene; y para asumir libremente nuestra condición humana hasta la misma muerte, y con una muerte de cruz.

Cada vez que nosotros nos negamos a nosotros mismos, y aceptamos sufrir por el bien de las personas a las que queremos, y para alentar a la justicia; o cada vez que abrazamos nuestras cruces desde el amor profundo que Jesús nos tiene; al unir nuestras cruces a la Cruz de Jesús podemos experimentar la paz profunda que Él vino a traer a nuestras vidas. Su Cruz es redención; es salvación; porque Él vino no para condenar, sino para salvar al mundo.


jueves, 4 de septiembre de 2025

Cargar con la cruz

7 de septiembre

Sufridos y felices (Lucas 14, 25-33)


“Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.” El Evangelio de Jesucristo es paradójico. Nos promete felicidad y plenitud de vida, y, a la vez, nos señala la necesidad de cargar con la cruz. Quizás no sea solo el Evangelio, nuestra misma vida, nuestra misma condición de personas es contradictoria y paradójica.

Vivimos con más plenitud cuanto nuestra vida más se vuelca en los demás. Somos más nosotros mismos cuando renunciamos a mantener nuestra imagen y a responder a las expectativas que los demás se han hecho de nosotros. 

Todos, aunque las rehuyamos, vamos a tener que cargar con cruces. Cargar con la cruz e ir en pos de Jesús nos da la certeza de que cargamos con las dificultades y los problemas que merecen la pena, con las que nos hacen más humanos; ir en pos de Jesús, nos ofrece el consuelo y la luz de recorrer el mismo camino que Jesucristo, con la esperanza de vivir con Él y en Él.

En el sagrario y en el silencio encontrarás el sentido profundo de las cruces que Cristo te invita a asumir, por tu bien y por el de los más pobres. La vaciedad y el ruido nos cansan. “La música callada, la soledad sonora, la cena que recrea y enamora” nos hacen vivir con plenitud de sentido y de amor.