lunes, 22 de junio de 2026

Inteligencia carnal

28 de junio

Inteligencia carnal (Mt 10, 37-42)



Mucho se está hablando de inteligencia artificial (IA). Y es una realidad que está marcando tanto el futuro de la humanidad, que hasta el papa León ha dedicado una encíclica a proponer un debate ético sobre ella desde los criterios del bien común y la dignidad de la persona.

La inteligencia artificial (IA) es inteligente para manejar datos y conseguir optimización de resultados. En eso puede ser una gran ayuda. Pero la inteligencia de la persona no se basa, ni solo, ni en última instancia, en ese manejo de datos, ni en conseguir los resultados más óptimos en el menor tiempo. La inteligencia de la persona es, sobre todo, inteligencia para amar. Sin amor podríamos manejar todos los datos del mundo que nuestro corazón quedaría helado y sin sentido para seguir latiendo. 

La IA no entiende de perder la vida por amor al otro; ni de la gratuidad de ofrecerte como don; ni del agradecimiento por haber recibido el don de la vida, o el don del amor, o el don del otro que se nos entrega en amistad sincera. Ni la IA, ni la razón calculadora que se basa en el beneficio, entienden la vida ni la persona. Nuestra inteligencia es carnal, necesita el abrazo y la caricia gratuitas, necesita vivir tiempo de serenidad y de silencio, necesita de la belleza del paisaje, de los sabores de la infancia, de las bromas y las contradicciones de quienes queremos. El Verbo se hizo carne, carne con espíritu e inteligencia, carne crucificada por amor. ¿Podrá entender esto la IA?


martes, 16 de junio de 2026

La defensa de la fe

 21 de junio

La defensa de la fe (Mt 10, 26-33)


Hablando con los jóvenes de la parroquia sobre una de las lecturas del evangelio de la misa les pregunté si ellos recibían críticas o malas palabras por estar participando en la Iglesia; todos reconocieron que sí. Desde muchos frentes se intenta minar e incluso ridiculizar la fe de los jóvenes. Unos con argumentos supuestamente científicos, que no son más que ideologización de la ciencia. Otros señalando pecados en la Iglesia, que no ven en sí mismos. 

Ante estas críticas, incluso insultos, los creyentes hemos de profundizar y ahondar en nuestro conocimiento personal de Cristo. Critican la verdad de la fe cristiana; mostremos cómo Jesucristo es la Verdad que da sentido a nuestra vida, que solo con Él somos más felices y mejores personas. La crítica a los pecados de la Iglesia tenemos que asumirla con humildad; nos duelen más que a nadie los abusos y la infidelidad de personas que se confiesan creyentes; pero también ha de llevarnos a agradecer tantos buenos creyentes que, en lo cotidiano, ayudan y trabajan por un mundo mejor. El ruido de unos pocos no debe acallar el trabajo silencioso de la inmensa mayoría.

En cuanto te declares cristiano van a pedirte más coherencia, más entrega y más razones que a otros; que no te asusten tus debilidades. Lo único necesario es conocer cada vez más a Jesucristo y querer seguirlo más de cerca. En tú afán por ser de Jesucristo, su Espíritu te colmará siempre de su ternura y de su paz.


lunes, 8 de junio de 2026

Hilos de nueva sociedad

14 de junio

Hilos de nueva sociedad (Mt 9, 36-10,58)


León XIV contaba con mi acogida y sintonía, desde su viaje a España cuenta con mi más profunda admiración. Os recojo una de las frases, de entre las muchas que pueden faros de luz en nuestra vida. Así le decía a la sociedad civil en Madrid:

“Os invito entonces a ser hilos nuevos para tejer redes nuevas que armonicen todos los ámbitos de la vida, para entramar una sociedad renovada en donde el tiempo se impregne de eternidad, la cultura custodie la memoria y favorezca el diálogo, la educación promueva la búsqueda de la verdad con espíritu crítico, el arte despierte asombro y genere emociones nobles, la empresa reconozca la dignidad de la persona y el trabajo siga siendo motor de esperanza.”

El Señor llamó a los 12 para estar con él y ser pescadores de hombres, y nos llama a nosotros, los apóstoles del ahora, para que anunciemos con nuestras palabras y nuestra vida un mundo nuevo desde la vinculación personal con Cristo que no nos quita nada y nos lo da todo.

Somos humildemente hilos en el entramado que teje el mundo; cada uno por sí mismo, poca cosa; pero cuando formamos comunidad de personas que buscan una belleza, un bien y una justicia que trascienden el mundo, ya somos humanidad nueva, como solo se puede ser en Cristo.


lunes, 1 de junio de 2026

Cuerpo de Cristo

 07 de junio

Cuerpo de Cristo (Jn 6, 51-58)


Vamos a la Iglesia buscando un momento de serenidad y fe; nos ponemos frente al Sagrario creyendo que allí está el Cuerpo de Cristo. “Esto es mi cuerpo”, dijo el Señor en la Última Cena, y mandó a los apóstoles: “Haced esto en memoria mía”. Los sacerdotes prosiguen este mandato. Vamos a la Iglesia a participar en la Eucaristía, y al escuchar la palabra y comulgar el pan del Señor nos sentimos, como comunidad cristiana, en profunda comunión con Él. No es ya una oración individual; ancianos y jóvenes, los niños y sus padres alimentados con un mismo pan, formando un solo cuerpo en Cristo.

Pero la Iglesia es más que una pequeña comunidad de barrio. En tantos barrios, en tantos pueblos, tantas personas deseamos vivir en comunión con el Señor, que la Iglesia se hace universal, católica. Albañiles y arquitectos, artistas y doctoras, religiosas jóvenes y mayores, catequistas y voluntarios de cáritas; unos más sensibles a la oración, otros experimentando la llamada de Dios en los pobres; unos cristianos perseguidos, otros demasiado acomodados; todos pecadores, todos buscando acoger la gracia y la bondad del Señor: Iglesia peregrina.

Viene León XIV y va a hacer visible esa universalidad de la Iglesia que quiere ser semilla del Reino en todo lugar, en cada corazón. El cuerpo de Cristo sigue entregándose y llamando a anunciar el Evangelio a los pobres.


martes, 26 de mayo de 2026

¿Qué es el amor?

31 de mayo

¿Qué es el amor? (Jn 3, 16-18)


Dios es amor, lo dice la Biblia, en una definición de Quien no puede definirse; porque quizás tampoco al amor se le puedan poner definiciones y fronteras. 

El amor acoge y engendra lo distinto. El Padre engendró al Hijo, y éste se hace carne por amor a nosotros. Tan iguales y tan distintos, Padre e Hijo. Por amor lo engendró, y lo engendró distinto, para vivir una comunión tan íntima y profunda que son Uno. Padre e Hijo viven una comunión tan íntima que espiran al Espíritu, los distintos que se unen en respiración de amor. Y siendo tan distintos el Espíritu y el Hijo Encarnado, continúa y da plenitud a su encarnación en la historia, porque entrando en el corazón de cada persona nos hace miembros de su cuerpo, continuación de su acción salvadora.

No busca el que ama enriquecerse, ni realizarse; busca engendrar, entregarse, empobrecerse para el otro. No busca el que ama hacer que el otro sea semejante a sí mismo, sino que sea él mismo amando y entregándose, a su vez. No busca resultados, sino amar. El amor no quita libertad; el amor no infantiliza ni hace dependiente; el amor no guarda para sí. 

Todo amor llena la vida de luz: amor de pareja, amor de amigo, amor hacia el pobre, amor hacia todos como universal es el amor de Dios por sus hijos, amor a Dios en el que todos los amores caben y encuentran su plenitud. 


martes, 19 de mayo de 2026

Don de dones

24 de mayo

Don de dones (Jn 20, 19-23)


Cuando nos ofrecen un regalo, un pequeño don, acogemos, no lo material que se nos entrega, sino el aprecio de la persona que nos lo hace. No importa lo que se ha regalado, sino el cariño y la atención que se ha puesto en aquel don. Por eso, los pequeños regalos de quien nos quiere tienen siempre sabor de algo personal: una prenda que necesitábamos, un artilugio que nos hacía ilusión, un libro del autor o del tema que nos gusta...

Los dones del Espíritu Santo son 7, como sabemos. Pero en esos 7 dones están encerrados todos los dones que necesitamos; y, sobre todo, se nos está dando el mismo Amor de Dios. El Espíritu es padre amoroso del pobre, luz que penetra las almas, fuente del mayor consuelo; pero el don que verdaderamente nos dona es vivir en el mismo amor que el Padre y el Hijo comparten. Viviendo en ese amor, experimentamos tregua en nuestras guerras y trabajos, que nuestro espíritu indómito se somete a la voluntad de Dios, que nuestro corazón sana, y descubrimos el camino, la llamada y la misión, que Dios pone en nuestras vidas.

El verdadero don es vivir en el Espíritu, en el Amor del Padre y del Hijo. De esa experiencia brotan la íntima reconciliación y el deseo profundo de entregarnos a los pobres y a la evangelización. El Espíritu nos hace superar todas nuestras contradicciones, todo lo que nos aliena, nos permite vivir en plena comunión con nuestros hermanos, con nosotros mismos y con Dios.


lunes, 11 de mayo de 2026

Presencia y discipulado

17 de mayo

Presencia y discipulado (Mt 28, 16-20)


Algunas veces el misterio del mal muerde nuestra conciencia de creyentes y preguntamos por qué tanto mal, por qué tanto odio y tanta destrucción. Dios no creó este mundo, ni para dejarnos en la esclavitud del pecado, ni para quitarnos la libertad que nos permite abrazar su amor. Un mundo sin la libertad humana sería un mundo perfecto, de inteligencias artificiales sincronizadas y ajustadas. Un mundo sin la riqueza del reto de la imperfección sería un “mundo feliz”, pero un mundo sin libertad ni amor.

Cuando Jesús asciende a los cielos dice a sus discípulos: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra.» Pero es un poder que no anula nuestra libertad, sino que nos llama a acoger sus enseñanzas y su presencia: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos.» Jesús solo quiere que su voluntad reine en el mundo desde la conversión de sus discípulos, de nosotros. 

Jesús asciende a los cielos haciéndonos saber que estará con nosotros «todos los días, hasta el final de los tiempos». Una presencia que alienta y conforta, que impulsa y protege, que da la valentía, la «parreseia», que necesitamos para continuar su misma misión. Como el Padre lo envió a Él, Él nos envía a nosotros. La «revolución de Jesús» es la revolución del discipulado, de quienes acogiendo su palabra y su resurrección viven y alientan un mundo nuevo. Solo en la paciencia y la humildad de Dios puede crecer nuestro amor.