22 de marzo
Orar con Cristo, vivir en Él (Jn 11, 1-45)
La oración cristiana por excelencia tiene el rasgo de que puede ser rezada por cualquiera que crea en Dios. Ninguna mención hace ni a Cristo, ni a su Iglesia. Un musulmán podría rezar el padrenuestro, sin hacerse violencia.
Pero los cristianos rezamos esta oración no de cualquier manera; los cristianos rezamos esta oración con Cristo a nuestro lado, con Cristo en nuestro interior, que con nosotros ora al Padre. “Cristo está en nosotros” y así estamos llamados a rezar. Y cuando así rezamos nuestra oración, por mejor decir la de Cristo en nosotros, es fecunda, es fuente de vida, convierte la muerte en vida.
Cristo fue al sepulcro donde yacía su amigo Lázaro, hacía cuatro días. Y con Marta y María, a las que había pedido fe en Él, rezó al Padre. Su oración fue escuchada: “Te doy gracias Padre porque me has escuchado, yo sé que Tú me escuchas siempre, lo digo por la gente que me rodea para que crean que Tú me has enviado”.
Cuando rezamos con Cristo, y no solo a Cristo, nuestra oración cambia. Se cumpla o no nuestra petición, se nos concede la vida, y una vida que no acaba, una vida que es eterna. La próxima vez que reces el padrenuestro, o que simplemente alces tu oración a Dios, reza sabiendo y sintiendo que Cristo está en ti, rezándole al Padre, en medio de nosotros, íntimamente cercano; que para eso se Encarnó, para darnos su Vida.