13 de septiembre
Setenta veces siete (Mt 18,21-35)
San Mateo, que tenía que ser persona, intelectualmente, ordenada y sistemática tiende a organizar su evangelio por temas, y, parece que cuando Jesús habla de algo nos dice de una vez todo lo que tiene que decirnos de esa realidad. Así ocurre con la necesidad del perdón que vivimos todas las personas; y el capítulo 18 de su evangelio nos llama de distintas formas a vivir siempre en el horizonte del perdón.
Pedro le pregunta: “¿Cuántas veces tengo que perdonar, hasta siete veces?” Jesús le responde: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”.
Esta es una muy buena noticia para nosotros, porque Jesús no nos pide lo que Él no nos da. Así que a nosotros no nos perdona solo siete veces –perdidos estaríamos--; sino, también, hasta setenta veces siete, es decir, siempre. El perdón de Dios es garantía de nuestra paz interior, y de nuestra conciencia de dignidad personal. Todos vivimos situaciones ambiguas, de orgullo y egoísmo, de violencia y de insolidaridad. Jesucristo no lleva cuentas del mal que hacemos; cuando con humildad nos situamos ante Él, siempre nos acoge con cariño y bondad.
Si Dios es así con nosotros, ¿no tenemos que tener un corazón amplio y abierto con los demás? Si no perdonamos, si no cancelamos de nuestra memoria el mal que se nos hizo, estaremos siempre rumiando el amargo sabor del rencor.