lunes, 12 de octubre de 2026

Polarización manipuladora

18 de octubre

Polarización manipuladora (Mt 22, 15-21)


Salvando las distancias, también Jesús tuvo que afrontar una situación social polarizada en la que dos bandos se odiaban (literalmente) a muerte. Los romanos eran potencia invasora, y quienes colaboraban con ellos pasaban por traidores al pueblo judío. Los partidarios de un poder autóctono o de la aplicación rigorista de la Ley se oponían a esa ocupación, pero solo usaban la palabra “pueblo” para disimular su egoísmo avaricioso o un fanatismo que se desentendía de la vida concreta de los pobres y sencillos, de los trabajadores y de los enfermos.

“¿Hay que pagar impuestos al César o no?” Esa era la pregunta-trampa que le espetaron. Jesús sabía tanto de la necesidad de un poder político que organice la convivencia, como de la corrupción y la hipocresía de la mayor parte de los dirigentes de su pueblo. Su respuesta fue una frase enigmática pero que los desarmó: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.”

Los cristianos tenemos que y colaborar lealmente con las instituciones políticas de nuestro país. Pero sin olvidar la justicia; sin olvidar el bien de las familias y los enfermos; sin olvidar que los jóvenes tienen derecho a su futuro; sin olvidar que Dios es Dios de vida. En este tiempo todos dicen, con más o menos sinceridad, defender esto en parte. Así que solo queda atender a otra frase de Jesús: “Por sus frutos los conoceréis.” Que la ideología no te ciegue para ver la realidad palpable de nuestra sociedad


lunes, 5 de octubre de 2026

Parábola o relato

11 de octubre

Parábola o relato (Mt 22,1-14)


Últimamente en las tertulias sobre política, se habla mucho de “ganar el relato”. Se entiende por tal conseguir centrar el análisis de la realidad en la opinión pública solo en unos aspectos, olvidando otros, quizás más fundamentales y decisivos. A esto siempre se le ha llamado manipulación: hacer pasar una parte pequeña de la realidad, por la verdad más importante. Que cada uno vea si se está dejando manipular y por quién.

Las parábolas del Evangelio buscan, por el contrario, poner de manifiesto la realidad más importante y profunda de la vida. Por eso algunas de las parábolas de Jesús ponen nerviosas a las elites políticas y religiosas de su tiempo. Dios Padre quiere que este mundo sea como un banquete en el que todos puedan festejar y alegrarse en comunión. Los que quieran vivir su felicidad “en privado”, sin contar con los otros, mirando solo sus propios intereses, se quedarán fuera y serán condenados.

Pero Jesús no trata paternalistamente a los pobres; todos tenemos que desarrollar las capacidades que el Padre nos ha dado para el bien común; todos tenemos que vivir con rectitud y con dignidad personal. El Reino es de los pobres, pero no de los caraduras que, escudándose en sus carencias, quieren vivir a costa de los demás. 

Estamos llamados a vivir agraciados, honrados, elegidos, agradecidos, acogiendo la dignidad de todos, correspondiendo al Señor con el don de nuestra propia vida.


martes, 29 de septiembre de 2026

La viña de mi amigo

04 de octubre

La viña de mi amigo (Mt 21,33-43)


De pequeño me llevaban, de vez en cuando, a la viña. La viña era un campo con una casita pequeña de labradores y un pozo con una alberca. Siempre era muy divertido ver a los animales; en verano la alberca verde y fresca era lo mejor; había higueras y vides, árboles frutales de distinto tipo... En la viña se juntaba la hermosura y la fecundidad de la naturaleza, y el trabajo del hombre que las ponía al servicio de la familia, de los niños, de la vida. 

La Biblia usa la metáfora de la viña para describir lo que quiere Dios para su pueblo. Una imagen bella y poderosa para personas de cultura agraria. Pero una hermosa viña se convierte en un erial, en un lugar inhóspito para las personas si en vez de vivir en armonía con la naturaleza se usa con injusticia; si se busca sacar beneficios con trabajo de explotación, si se busca sacar dinero sin respetar el equilibrio natural. La injusticia, la avaricia, el orgullo de unos contra otros, convierten la viña de la Creación en un lugar triste e inhumano. 

Este domingo finaliza el mes que la Iglesia dedica a la oración por la defensa de la casa común que Dios nos ha regalado a todas las personas: Justicia y ecología, cuidado de la naturaleza y respeto a la dignidad de cada persona, centro de la creación. Los que vemos la naturaleza y a los otros como un don siempre hemos de agradecer y cuidar el regalo que Dios nos hace cada día.


domingo, 20 de septiembre de 2026

Nos creemos buenos

27 de septiembre

Nos creemos buenos (Mt 21,28-32)


Nos creemos buenos. Pocas personas dirán que son “mala gente”. Todos pensamos que somos buenas personas..., aunque algunas veces “hacemos de las nuestras”. Es más, si estás leyendo este pequeño comentario sobre el evangelio del domingo, significa que te preocupas por tener a Jesucristo como referencia en tu vida, y eso no es poco.

Sin embargo, Jesús en el evangelio del próximo domingo, a quienes se creían, no solo buenas personas, sino personas muy religiosas, les espeta: “Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios.” Es de esas frases que sabemos que están en el Evangelio, pero no queremos escucharla; y los sacerdotes no nos atrevemos a predicar.

¿Qué puede hacer que creyéndonos cristianos vivamos tan alejados de la voluntad de Dios? El orgullo de creernos mejores que los demás que nos conduce a despreciarlos. La indiferencia ante el sufrimiento de los pobres, por miedo o por puro egoísmo. El desprecio de quienes no piensan como nosotros, so capa de alguna ideología por la que les ponemos una etiqueta que los despersonaliza (fachas, moros, cayetanos o charos), y por la que ya un trato inmoral hacia ella está justificado.

Cuando nos alejamos de la humildad y la sencillez con la que el Verbo de Dios se hizo hombre, nos acercamos al abismo de vivir en la impiedad más brutal.


lunes, 14 de septiembre de 2026

La gloria de Dios es la vida del hombre

20 de septiembre

La gloria de Dios (Mt 20, 1-16)

“La gloria de Dios es que las personas tengan vida; y la vida de las personas consiste en la visión de Dios”, decía san Ireneo en un contexto de dura persecución contra los cristianos que lo llevó hasta el martirio. Todo lo que se oponga a la vida plena de las personas, a su desarrollo personal y espiritual, está en contra de la voluntad de Dios. 

Y, al mismo tiempo, todo lo que lleve a una persona a la contemplación de Dios, de la belleza de la Creación y de la infinita misericordia de la Redención, nos devuelve a nuestra verdad más auténtica. Conocer el Amor que es Dios nos hace vivir en la paz que anhela nuestro corazón.

Cuando un enfermo vive su enfermedad contemplando el rostro de Dios, su propio rostro irradia paz y dulzura. Cuando una persona consagrada, sacerdote o religiosa, tiene como único afán cumplir con la voluntad de Dios, las circunstancias y cuáles sean las tareas concretas importan menos. No podemos olvidar que Dios es Dios y nosotros somos sus criaturas; por eso siempre hemos de decir: “Aquí estoy, Señor, para cumplir tu voluntad.”

En este horizonte, todo sirve para el bien; si olvidamos buscar la voluntad de Dios y nos centramos en nuestro orgullo, en nuestra comodidad, en nuestro dinero, o, incluso, en nuestros planes, todo desemboca en la insatisfacción, en el enfado, y en la ruptura con los otros, con nosotros mismos y con Dios.


martes, 8 de septiembre de 2026

Setenta veces siete

13 de septiembre

Setenta veces siete (Mt 18,21-35)


San Mateo, que tenía que ser persona, intelectualmente, ordenada y sistemática tiende a organizar su evangelio por temas, y, parece que cuando Jesús habla de algo nos dice de una vez todo lo que tiene que decirnos de esa realidad. Así ocurre con la necesidad del perdón que vivimos todas las personas; y el capítulo 18 de su evangelio nos llama de distintas formas a vivir siempre en el horizonte del perdón.

Pedro le pregunta: “¿Cuántas veces tengo que perdonar, hasta siete veces?” Jesús le responde: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”.

Esta es una muy buena noticia para nosotros, porque Jesús no nos pide lo que Él no nos da. Así que a nosotros no nos perdona solo siete veces –perdidos estaríamos--; sino, también, hasta setenta veces siete, es decir, siempre. El perdón de Dios es garantía de nuestra paz interior, y de nuestra conciencia de dignidad personal. Todos vivimos situaciones ambiguas, de orgullo y egoísmo, de violencia y de insolidaridad. Jesucristo no lleva cuentas del mal que hacemos; cuando con humildad nos situamos ante Él, siempre nos acoge con cariño y bondad.

Si Dios es así con nosotros, ¿no tenemos que tener un corazón amplio y abierto con los demás? Si no perdonamos, si no cancelamos de nuestra memoria el mal que se nos hizo, estaremos siempre rumiando el amargo sabor del rencor. 


miércoles, 2 de septiembre de 2026

reconciliación

6 de septiembre

Reconciliación (Mt 18,15-20)

Comienza el mes de septiembre, y el curso en muchas actividades de la vida, con una llamada del Señor a vivir la fraternidad en las situaciones difíciles y complejas. Mientras que todo va bien, qué fácil es vivir como hermanos. Pero pronto las actitudes propias o ajenas se vuelven en contra, vivimos egoísmos, situaciones de incomprensión, nos sentimos y somos objetivamente maltratados por quien debía de cuidarnos, por quien nos debía, por lo menos, respeto...

Mal atajo es consentir el mal y la injusticia sin denunciarlas; se enquistarán y ya nadie los llamará por su nombre. Mal camino es afrontar al otro sin consideración, sin tener en cuenta sus circunstancias y sus heridas. “A nadie le debáis más que el amor mutuo”, dice san Pablo; ni más ni menos. Con el amor mutuo se dice todo, porque todo el bien y todo lo que nos construye nos llega desde el amor.

Pedir perdón siempre; porque siempre hay una palabra mal dicha, una frase de agradecimiento no pronunciada, una actitud de indiferencia que al otro le dolió. Pedir perdón, con sinceridad, nos ayuda a perdonar, y ambas cosas a construir un mundo más humano. Pedir perdón es obra de justicia, tantas veces centrados en nosotros mismos y mirando el mundo solo desde nuestra perspectiva, hemos dejado a un lado las preocupaciones y los sufrimientos de los demás... Pedir perdón y perdonar, buscar la verdad que nos hace más humanos, es el camino.