26 de julio
Le gustaban las parábolas (Mt 13,44-52)
En estos domingos estamos viendo cómo a Jesús le gustaba enseñar a las gentes con parábolas. Y eso nos revela de Él muchas cosas. Las parábolas dan que pensar. Cuando nos cuentan una narración con un contenido profundo, nos permiten pensar por nosotros mismos su significado, y aplicarlo a nuestra propia realidad. A Jesús le gusta que pensemos, que vivamos nuestra vida no desde las normas y los preceptos, sino desde el sentido luminoso que el Padre ha dado a toda su Creación.
Además, el de las parábolas es un lenguaje que se dirige a todos, a creyentes y no creyentes, a cristianos y a no cristianos, a niños y a ancianos; y a todos nos pone a cavilar sobre nuestra propia vida. Por su sencillez, nadie tiene vedado el comprenderlas; por su profundidad y niveles distintos de sentido, nadie puede decir que las comprende por completo. Cada parábola es una invitación a mirar en la vida más allá, siempre y en cada momento.
Un hombre que tiene la suerte de encontrarse un tesoro; un comerciante de perlas que encuentra una muy valiosa; una madre de familia que rebusca lo que necesita entre lo nuevo y lo viejo; un pescador que se queda solo con los peces que le valen...; las parábolas de este domingo parecen invitarnos a pensar qué es lo verdaderamente valioso para cada uno de nosotros, y qué estamos dispuestos a sacrificar para conseguirlo. No es tema pequeño el que nos plantean.