lunes, 23 de febrero de 2026

La transfiguración de un barrio

01 de marzo

Transfiguración de un barrio (Mt 17, 1-9)


No teníamos más que pobreza para compartir; una sala de baile destartalada y ruinosa. En primer lugar, había que alojar allí al Maestro, al buen Dios y hacerle una habitación bajo este techo de pecado. (...) Todo el mundo era tan feliz de ver esta transformación que no hubo nadie que no se prestarse a colaborar; en menos de dos meses, la capilla ha estado instalada, organizada.

Así se expresa el padre Chevrier, recordando el inicio de la obra del Prado. Un proyecto que va a transformar un barrio. Hay círculos viciosos que estropean nuestra vida, también hay círculos virtuosos en los que una acción buena va multiplicándose poco a poco hasta transformar toda una colectividad. La siembra que se hace en el corazón de las personas de un pueblo o un barrio sigue dando fruto, como árboles de buenas raíces, durante mucho tiempo.

Cuando en medio de la oscuridad del pecado se enciende la luz del Evangelio, se abre la puerta a la transfiguración personal. Cristo se llevó a Pedro, Juan y Santiago al monte Tabor, y allí les mostró la luz de su divinidad, la gloria que se traslucía en su carne humana.  

Ojalá también en nosotros, un acercamiento a quienes sufren, nuestra humilde oración diaria, nuestra participación en la parroquia sean cauce de transfiguración personal. Y también nuestro corazón (“aquel lugar de pecado”) lo reconozcamos como templo “donde alojar al Maestro, al buen Dios”. 


domingo, 15 de febrero de 2026

El combate cristiano

22 de febrero

El combate cristiano (Mt 4, 1-11)


Comenzamos un nuevo tiempo de cuaresma, y con él hemos de renovar nuestro afán por seguir más de cerca a Jesucristo. La rutina de los días, siendo buena y necesaria, puede hacernos olvidar el motivo último de nuestros trabajos y nuestros desvelos, puede hacer que nos acostumbremos a la falta de fe, y a las ideas injustas e insolidarias que en tantos lugares escuchamos.

La vida de Jesús fe un combate a vida o muerte con el mal; contra la manipulación de la religión; contra la ideología del dinero y del poder; contra, incluso, la fe acomodaticia que sus discípulos tenían. La vida de Jesús fue un combate que ganó para nosotros con su muerte. En esta cuaresma, ¡cuánto importa tener el espíritu de Jesucristo, para no guerrear contra él, sino para combatir a su favor! 

Tanto ha llovido y tanto llueve que nos parece que lícito orar sin practicar la misericordia; hablar de Cristo sin sentir temor y temblor ante tan necesaria osadía; vivir cómodamente sin ruborizarnos por nuestra incoherencia. La indiferencia y la ideología se nos filtra por techos y paredes hasta poner negra y maloliente nuestra casa.

Necesitamos un ayuno que nos haga tener hambre de Cristo; una limosna que nos empobrezca y nos acerque a los pobres; una oración que nos aliente en nuestro seguimiento a Cristo. 


martes, 10 de febrero de 2026

Mira solo a Jesucristo

15 de febrero

Mira solo a Jesucristo (Mt 5, 17-37)


Las personas somos paradójicas y contradictorias. Mientras más nos buscamos a nosotros mismos, y mientras más nos preocupamos, egoístamente, por nosotros y nuestro bienestar, más problemas tenemos o nos inventamos, menos capaces somos de afrontar las dificultades que siempre va a tener nuestra vida. Y, al contrario, cuando acogemos humildemente la llamada que Dios nos hace al servicio y a la entrega a su voluntad, con más alegría vivimos, con más plenitud sentimos, lento y suave, el fluir del tiempo.

En el trato con las personas no andes llevando cuentas del mal; en el trato con los que más quieres, entrégate sin reservas; en el trato con Dios, deja que Él siempre sea tu norte y tu vida. Los mandatos de Dios son la luz y la alegría del creyente; son manantial fresco y vida renovada para nosotros.

Pero no pienses en normas y en prohibiciones. La vida de Jesús es la explicación auténtica de su propio mensaje. Vivió alentando, entre sus discípulos, una armonía servicial que los capacitaba para la misión; se entregó sin fisuras, consagrado por entero, al amor del Padre; con su muerte y resurrección dio pleno cumplimiento a la Ley y los Profetas, mostrando el rostro, inusitadamente nítido, de la misericordia de Dios. Para saber qué es misericordia y verdad, justicia y servicio, alegría y consuelo, radicalidad y esperanza..., mira a Jesucristo y solo a Él.


lunes, 2 de febrero de 2026

Sal que salas

08 de febrero

Sal que salas (Mt 5, 13-16)


La advertencia de Jesús en el comienzo de su predicación más larga es severa: “Si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.” Y es una advertencia a nosotros, que queremos ser sus discípulos. Si no mantenemos el espíritu de fe y de esperanza en el Padre en nuestra vida concreta, qué sentido tiene que nos consideremos discípulos de Cristo. Nuestra alegría no será la que anunciaban las bienaventuranzas, sino una alegría superficial que no perdura.

Nuestra alegría será cristiana cuando nos alegremos al compartir. “Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, cubre a quien ves desnudo y no te desentiendas de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas”, sigue clamando Isaías. Y cuando nuestra fe y nuestro amor a Cristo no retroceda ante la cruz. “Nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado”, nos dice también hoy a nosotros Pablo, el apóstol de los gentiles.

La verdad de nuestra vida pasa por la pobreza del pesebre y por la entrega de la cruz. Todo lo que no sea eso es un fe de “postureo”, de medallitas y rezos, pero sin que nos dejemos acoger por Jesucristo, el Hijo, la gloria del Padre; sin ser de verdad cristianos, discípulos de Cristo.


lunes, 26 de enero de 2026

La prudencia y la plenitud

Lo razonable y la plenitud (Mt 5, 1-13)


El Evangelio se mueve constantemente entre lo más sensato y razonable, y la propuesta más radical de vida para vivir en plenitud. Jesús, siguiendo la tradición bíblica, exhorta a sus discípulos a ser prudentes y a no poner la vida ni en el afán por el dinero, ni en el qué dirán, ni en una vida superficial y vacía. Aconseja hacer el bien a todos y a sembrar la paz; nos invita a una vida de trabajo sencillo y de amor con la familia, con los amigos y con los más pobres.

Pero cuando se trata de amor, no hay prudencias que valgan. Amor, amor y solo amor es lo que llena de plenitud el corazón de la persona. Él lo sabe y lo vive, y así se lo enseña a sus discípulos. A la llamada del Señor que nos ama y nos invita a amar anunciando el Evangelio, los discípulos lo dejan todo y lo siguen. Ante el rencor, amor a los enemigos; ante la violencia, la oración de bendición. 

Actuar con prudencia y sensatez es necesario; pero toda nuestra inteligencia y razón, todos nuestras inclinaciones y gustos han de estar al servicio del amor más grande. Sin amor somos campana que retiñe o címbalo que resuena y que acaban en nada.

Sé prudente en todo; y esa prudencia empléala en amar a quien debes amar, por el amor de quien es el Amor. Nadie vive con más felicidad que el da entrega su vida por amor. Es éste el don más grande que Dios nos entrega como pan en la oración de cada día.


lunes, 19 de enero de 2026

Comienza la Buena Noticia

25 de enero

Comienza la Buena Noticia (Mt 4, 12-23)



“El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande”. Jesús de Nazaret comenzó a predicar y a realizar signos de compasión con quien sufría. Por las aldeas y los caseríos iba desgranando una Buena Noticia que los sabios y entendidos de todos los tiempos querrán inquirir y comprender: “Felices los pobres”, “rezad por los que os persiguen”, “no pongáis vuestro corazón en el dinero”, “Dios mismo es vuestro Padre”. Aquellos campesinos, como los sabios de todos los tiempos y como nosotros mismos no acertamos a comprender la profundidad de la Buena Noticia de Jesús. Pero ellos tenían una ventaja: contaban con la presencia del Nazareno, fueron testigos de la fuerza y la autoridad que tenía su persona. No importaba entender; a cada uno llegaba y se quedaba con una de las palabras del Maestro. Pero aquella “palabra” se imprimía a fuego en su alma porque era la luz que necesitaba.

Hoy entre nosotros sigue siendo igual. La Buena Noticia es Jesucristo, su presencia en nuestro corazón y nuestra vida. No importa si no lo entendemos todo. No importa que haya cosas que nos resulten inalcanzables. Importa escucharlo a Él. Pero hoy, ¿quién estará dispuesto a prestarle su voz para que Él siga siendo Palabra?, ¿quién estará presto a entregarle su vida para que Él siga dando a suya a los pobres?, ¿quién aceptará ser “pescador de hombres”?


lunes, 12 de enero de 2026

¡Qué bello y qué grande eres!

 

18 de enero

¡Qué bello y qué grande eres! (Jn 1, 29-34)


Muchos pueden criticar a la Iglesia, y en sus críticas tienen parte de razón. Muchos pueden criticar nuestra manera de vivir la fe cristiana por tibia, incluso por hipócrita; y tendrán bastante razón. Pero cuando centran su atención en Jesucristo, las críticas se silencian y se abre la puerta de la admiración.

La valentía y la prudencia; la justicia y la misericordia; la preocupación por los últimos y el perdón al pecador; la capacidad de servicio olvidándose de su propia vida; la sabiduría que todos entienden y que a todos desborda; la coherencia vital entre lo que dice y lo que hace; su humildad que descoloca, y a la vez su pretensión de ser el camino y la verdad y la vida... Todo en Jesucristo llama a una admiración que nos introduce en el silencio.

Ninguna filosofía llegó a una verdad tan alta y tan profunda; ningún sistema político pudo soñar una transformación tan profunda de la sociedad cuando es su Espíritu el que nos conduce; ningún artista pudo reflejar tanta belleza como trasmina su persona en el Evangelio. Jesucristo es el cordero sin mancha que quita el pecado del mundo.

No somos cristianos por nuestras virtudes, ni siquiera por las virtudes de la Iglesia. Nuestra fe se fundamenta en una persona que mirándonos a los ojos nos muestra nuestra verdadera realidad en sus pupilas. En tu mirada todos nos hacemos más amables y buenos. ¡Ten piedad de nosotros!