lunes, 2 de noviembre de 2026

Seguro que hacían "scroll"

08 de noviembre

Seguro que hacían “scroll” (Mt 25, 1-13)


Estamos al final del tiempo litúrgico, en unos días comenzará el adviento y las lecturas de cada domingo nos plantean la misma pregunta: ¿Qué estás haciendo con tu vida?

La vida de las personas puede tener sentido porque es un camino que tiene un final, e importa lo que vamos haciendo y cómo recorremos ese camino. No podemos vivir infinidad de vidas; solo tenemos una que hemos de vivir con lucidez y conscientes del bien que acogemos y del que dejamos escapar. Hora sin amor, sin acción de gracias, sin aprender, sin contemplar, sin vivir en las manos del Padre es hora perdida. No es la intensidad de lo epidérmico lo que dará sentido a tu vida, sino la entrega de amor que vayas viviendo. Viajes y experiencias “instagrameables”, lujos, presunciones... todo acaba en nada conforme pasa. Nada de eso es capaz de sostener la vida. Triste madurez tiene quien puso todas sus ilusiones en una eterna adolescencia, triste y rellena de silicona.

La parábola que el domingo nos propone Jesucristo nos habla de cinco muchachas sensatas que buscaron lo verdaderamente necesario para la vida. Junto a ellas, otras cinco que se adocenaron haciendo “scroll” todo el día. 

Lo verdaderamente importante de la vida se acrisola en tu interior; no se puede compartir; solo Dios te lo puede ofrecer, para que con tu entrega, lo acojas con gratitud.


domingo, 25 de octubre de 2026

La vulnerabilidad de Dios

01 de noviembre

La vulnerabilidad de Dios (Mt 5, 1-12)


Todos los santos fueron personas felices; felices y buenas, porque vivieron con el corazón lleno de amor, y haciendo lo que Dios les pedía en cada momento.

Nada hay más frustrante y que provoque en nosotros más infelicidad que sentirnos vacíos, y que nuestra vida no tiene sentido. Podemos tener todo, pero si falta el amor en nuestra vida, nada tiene verdadero sabor. Muchas veces nos llegan noticias de cómo personajes ricos y famosos, que lo tenían todo, les faltó totalmente la esperanza, y desistieron de la vida; lo tenían todo, pero les faltó acoger el amor que cimienta y constituye nuestra realidad de personas. Ser santos significa acoger, con el corazón abierto, el amor de Dios, y expresar esta experiencia con los demás. 

No se es feliz por no tener dificultades; se es feliz cuando en la bonanza y en la dificultad nos sentimos amados íntima y profundamente, por los nuestros y, en primera y última instancia, por Jesucristo. “¿Me amas?”, nos pregunta Jesús como a Pedro en el lago de Tiberíades; “¿Me amas?”, pero todos sabemos que quien pregunta eso está ya diciendo que él nos ama primero, y que expone su intimidad ante nosotros. Los santos acogieron, con conciencia profunda de indignidad, la vulnerabilidad de un Dios amante sin reservas, sin límites, sin condiciones. Experimentar la vulnerabilidad de Dios, en el pesebre, en la cruz o en el pan de la eucaristía, nos mueve a amar. 


martes, 20 de octubre de 2026

Comunidades testigo

25 de octubre

Comunidades de testigo (Mt 22, 34-40)



Algunas veces buscamos hechos y acontecimientos que nos ratifiquen en que nuestra fe en Jesucristo no es mera ilusión. En nuestra intimidad experimentamos muchas veces una presencia bondadosa y pacificadora del Espíritu de Jesucristo que nos llena de alegría. Es un signo grande. Otras veces nos narran o hemos experimentado signos de la bondad de Dios, pequeños o grandes, de quienes nos hemos acogido a su providencia. Pero el principal signo para creer en la presencia de viva de Cristo en nuestra historia es la propia comunidad cristiana. 

Los santos de todas las épocas solo han podido llegar a una vida de amor profundo, gratuito e inexplicable desde la fuerza de Cristo en su corazón: san Roque cuidando a los leprosos, san Antonio denunciando a los usureros de Padua, san Ignacio alumbrando el corazón de tantas personas... Cuando los creyentes vivimos desde el amor a Dios y al prójimo, cuando dejamos a un lado los ídolos del dinero, del qué dirán o de nuestro orgullo, cuando acogemos fraternalmente a los pobres y compartimos el evangelio con todos..., es cuando aparece el verdadero signo que alienta a creer y confiar en el Hijo de Dios.  

Comunidades y personas de fe llenas de amor y de esperanza, en su amor, eficaz y concreto, a las familias empobrecidas, con las que buscan compartir el Evangelio es el verdadero signo que afianza y alienta nuestra fe.


lunes, 12 de octubre de 2026

Polarización manipuladora

18 de octubre

Polarización manipuladora (Mt 22, 15-21)


Salvando las distancias, también Jesús tuvo que afrontar una situación social polarizada en la que dos bandos se odiaban (literalmente) a muerte. Los romanos eran potencia invasora, y quienes colaboraban con ellos pasaban por traidores al pueblo judío. Los partidarios de un poder autóctono o de la aplicación rigorista de la Ley se oponían a esa ocupación, pero solo usaban la palabra “pueblo” para disimular su egoísmo avaricioso o un fanatismo que se desentendía de la vida concreta de los pobres y sencillos, de los trabajadores y de los enfermos.

“¿Hay que pagar impuestos al César o no?” Esa era la pregunta-trampa que le espetaron. Jesús sabía tanto de la necesidad de un poder político que organice la convivencia, como de la corrupción y la hipocresía de la mayor parte de los dirigentes de su pueblo. Su respuesta fue una frase enigmática pero que los desarmó: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.”

Los cristianos tenemos que y colaborar lealmente con las instituciones políticas de nuestro país. Pero sin olvidar la justicia; sin olvidar el bien de las familias y los enfermos; sin olvidar que los jóvenes tienen derecho a su futuro; sin olvidar que Dios es Dios de vida. En este tiempo todos dicen, con más o menos sinceridad, defender esto en parte. Así que solo queda atender a otra frase de Jesús: “Por sus frutos los conoceréis.” Que la ideología no te ciegue para ver la realidad palpable de nuestra sociedad


lunes, 5 de octubre de 2026

Parábola o relato

11 de octubre

Parábola o relato (Mt 22,1-14)


Últimamente en las tertulias sobre política, se habla mucho de “ganar el relato”. Se entiende por tal conseguir centrar el análisis de la realidad en la opinión pública solo en unos aspectos, olvidando otros, quizás más fundamentales y decisivos. A esto siempre se le ha llamado manipulación: hacer pasar una parte pequeña de la realidad, por la verdad más importante. Que cada uno vea si se está dejando manipular y por quién.

Las parábolas del Evangelio buscan, por el contrario, poner de manifiesto la realidad más importante y profunda de la vida. Por eso algunas de las parábolas de Jesús ponen nerviosas a las elites políticas y religiosas de su tiempo. Dios Padre quiere que este mundo sea como un banquete en el que todos puedan festejar y alegrarse en comunión. Los que quieran vivir su felicidad “en privado”, sin contar con los otros, mirando solo sus propios intereses, se quedarán fuera y serán condenados.

Pero Jesús no trata paternalistamente a los pobres; todos tenemos que desarrollar las capacidades que el Padre nos ha dado para el bien común; todos tenemos que vivir con rectitud y con dignidad personal. El Reino es de los pobres, pero no de los caraduras que, escudándose en sus carencias, quieren vivir a costa de los demás. 

Estamos llamados a vivir agraciados, honrados, elegidos, agradecidos, acogiendo la dignidad de todos, correspondiendo al Señor con el don de nuestra propia vida.


martes, 29 de septiembre de 2026

La viña de mi amigo

04 de octubre

La viña de mi amigo (Mt 21,33-43)


De pequeño me llevaban, de vez en cuando, a la viña. La viña era un campo con una casita pequeña de labradores y un pozo con una alberca. Siempre era muy divertido ver a los animales; en verano la alberca verde y fresca era lo mejor; había higueras y vides, árboles frutales de distinto tipo... En la viña se juntaba la hermosura y la fecundidad de la naturaleza, y el trabajo del hombre que las ponía al servicio de la familia, de los niños, de la vida. 

La Biblia usa la metáfora de la viña para describir lo que quiere Dios para su pueblo. Una imagen bella y poderosa para personas de cultura agraria. Pero una hermosa viña se convierte en un erial, en un lugar inhóspito para las personas si en vez de vivir en armonía con la naturaleza se usa con injusticia; si se busca sacar beneficios con trabajo de explotación, si se busca sacar dinero sin respetar el equilibrio natural. La injusticia, la avaricia, el orgullo de unos contra otros, convierten la viña de la Creación en un lugar triste e inhumano. 

Este domingo finaliza el mes que la Iglesia dedica a la oración por la defensa de la casa común que Dios nos ha regalado a todas las personas: Justicia y ecología, cuidado de la naturaleza y respeto a la dignidad de cada persona, centro de la creación. Los que vemos la naturaleza y a los otros como un don siempre hemos de agradecer y cuidar el regalo que Dios nos hace cada día.


domingo, 20 de septiembre de 2026

Nos creemos buenos

27 de septiembre

Nos creemos buenos (Mt 21,28-32)


Nos creemos buenos. Pocas personas dirán que son “mala gente”. Todos pensamos que somos buenas personas..., aunque algunas veces “hacemos de las nuestras”. Es más, si estás leyendo este pequeño comentario sobre el evangelio del domingo, significa que te preocupas por tener a Jesucristo como referencia en tu vida, y eso no es poco.

Sin embargo, Jesús en el evangelio del próximo domingo, a quienes se creían, no solo buenas personas, sino personas muy religiosas, les espeta: “Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios.” Es de esas frases que sabemos que están en el Evangelio, pero no queremos escucharla; y los sacerdotes no nos atrevemos a predicar.

¿Qué puede hacer que creyéndonos cristianos vivamos tan alejados de la voluntad de Dios? El orgullo de creernos mejores que los demás que nos conduce a despreciarlos. La indiferencia ante el sufrimiento de los pobres, por miedo o por puro egoísmo. El desprecio de quienes no piensan como nosotros, so capa de alguna ideología por la que les ponemos una etiqueta que los despersonaliza (fachas, moros, cayetanos o charos), y por la que ya un trato inmoral hacia ella está justificado.

Cuando nos alejamos de la humildad y la sencillez con la que el Verbo de Dios se hizo hombre, nos acercamos al abismo de vivir en la impiedad más brutal.