lunes, 1 de junio de 2026

Cuerpo de Cristo

 07 de junio

Cuerpo de Cristo (Jn 6, 51-58)


Vamos a la Iglesia buscando un momento de serenidad y fe; nos ponemos frente al Sagrario creyendo que allí está el Cuerpo de Cristo. “Esto es mi cuerpo”, dijo el Señor en la Última Cena, y mandó a los apóstoles: “Haced esto en memoria mía”. Los sacerdotes prosiguen este mandato. Vamos a la Iglesia a participar en la Eucaristía, y al escuchar la palabra y comulgar el pan del Señor nos sentimos, como comunidad cristiana, en profunda comunión con Él. No es ya una oración individual; ancianos y jóvenes, los niños y sus padres alimentados con un mismo pan, formando un solo cuerpo en Cristo.

Pero la Iglesia es más que una pequeña comunidad de barrio. En tantos barrios, en tantos pueblos, tantas personas deseamos vivir en comunión con el Señor, que la Iglesia se hace universal, católica. Albañiles y arquitectos, artistas y doctoras, religiosas jóvenes y mayores, catequistas y voluntarios de cáritas; unos más sensibles a la oración, otros experimentando la llamada de Dios en los pobres; unos cristianos perseguidos, otros demasiado acomodados; todos pecadores, todos buscando acoger la gracia y la bondad del Señor: Iglesia peregrina.

Viene León XIV y va a hacer visible esa universalidad de la Iglesia que quiere ser semilla del Reino en todo lugar, en cada corazón. El cuerpo de Cristo sigue entregándose y llamando a anunciar el Evangelio a los pobres.


martes, 26 de mayo de 2026

¿Qué es el amor?

31 de mayo

¿Qué es el amor? (Jn 3, 16-18)


Dios es amor, lo dice la Biblia, en una definición de Quien no puede definirse; porque quizás tampoco al amor se le puedan poner definiciones y fronteras. 

El amor acoge y engendra lo distinto. El Padre engendró al Hijo, y éste se hace carne por amor a nosotros. Tan iguales y tan distintos, Padre e Hijo. Por amor lo engendró, y lo engendró distinto, para vivir una comunión tan íntima y profunda que son Uno. Padre e Hijo viven una comunión tan íntima que espiran al Espíritu, los distintos que se unen en respiración de amor. Y siendo tan distintos el Espíritu y el Hijo Encarnado, continúa y da plenitud a su encarnación en la historia, porque entrando en el corazón de cada persona nos hace miembros de su cuerpo, continuación de su acción salvadora.

No busca el que ama enriquecerse, ni realizarse; busca engendrar, entregarse, empobrecerse para el otro. No busca el que ama hacer que el otro sea semejante a sí mismo, sino que sea él mismo amando y entregándose, a su vez. No busca resultados, sino amar. El amor no quita libertad; el amor no infantiliza ni hace dependiente; el amor no guarda para sí. 

Todo amor llena la vida de luz: amor de pareja, amor de amigo, amor hacia el pobre, amor hacia todos como universal es el amor de Dios por sus hijos, amor a Dios en el que todos los amores caben y encuentran su plenitud. 


martes, 19 de mayo de 2026

Don de dones

24 de mayo

Don de dones (Jn 20, 19-23)


Cuando nos ofrecen un regalo, un pequeño don, acogemos, no lo material que se nos entrega, sino el aprecio de la persona que nos lo hace. No importa lo que se ha regalado, sino el cariño y la atención que se ha puesto en aquel don. Por eso, los pequeños regalos de quien nos quiere tienen siempre sabor de algo personal: una prenda que necesitábamos, un artilugio que nos hacía ilusión, un libro del autor o del tema que nos gusta...

Los dones del Espíritu Santo son 7, como sabemos. Pero en esos 7 dones están encerrados todos los dones que necesitamos; y, sobre todo, se nos está dando el mismo Amor de Dios. El Espíritu es padre amoroso del pobre, luz que penetra las almas, fuente del mayor consuelo; pero el don que verdaderamente nos dona es vivir en el mismo amor que el Padre y el Hijo comparten. Viviendo en ese amor, experimentamos tregua en nuestras guerras y trabajos, que nuestro espíritu indómito se somete a la voluntad de Dios, que nuestro corazón sana, y descubrimos el camino, la llamada y la misión, que Dios pone en nuestras vidas.

El verdadero don es vivir en el Espíritu, en el Amor del Padre y del Hijo. De esa experiencia brotan la íntima reconciliación y el deseo profundo de entregarnos a los pobres y a la evangelización. El Espíritu nos hace superar todas nuestras contradicciones, todo lo que nos aliena, nos permite vivir en plena comunión con nuestros hermanos, con nosotros mismos y con Dios.


lunes, 11 de mayo de 2026

Presencia y discipulado

17 de mayo

Presencia y discipulado (Mt 28, 16-20)


Algunas veces el misterio del mal muerde nuestra conciencia de creyentes y preguntamos por qué tanto mal, por qué tanto odio y tanta destrucción. Dios no creó este mundo, ni para dejarnos en la esclavitud del pecado, ni para quitarnos la libertad que nos permite abrazar su amor. Un mundo sin la libertad humana sería un mundo perfecto, de inteligencias artificiales sincronizadas y ajustadas. Un mundo sin la riqueza del reto de la imperfección sería un “mundo feliz”, pero un mundo sin libertad ni amor.

Cuando Jesús asciende a los cielos dice a sus discípulos: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra.» Pero es un poder que no anula nuestra libertad, sino que nos llama a acoger sus enseñanzas y su presencia: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos.» Jesús solo quiere que su voluntad reine en el mundo desde la conversión de sus discípulos, de nosotros. 

Jesús asciende a los cielos haciéndonos saber que estará con nosotros «todos los días, hasta el final de los tiempos». Una presencia que alienta y conforta, que impulsa y protege, que da la valentía, la «parreseia», que necesitamos para continuar su misma misión. Como el Padre lo envió a Él, Él nos envía a nosotros. La «revolución de Jesús» es la revolución del discipulado, de quienes acogiendo su palabra y su resurrección viven y alientan un mundo nuevo. Solo en la paciencia y la humildad de Dios puede crecer nuestro amor.


lunes, 4 de mayo de 2026

Del deseo y de la petición

10 de mayo

Del deseo y la petición (Jn 14, 15-21)


El anuncio de la cercanía del Reino de Dios, que era el mensaje primero de Jesús en Galilea, alentaba el deseo de justicia y de vida en los jornaleros y las gentes sencillas de Cafarnaúm, de Magdala, y de la propia Nazaret. Con el anuncio, Jesús despertaba los sueños de los creyentes. Al final de su vida Jesús sigue exhortando a sus discípulos a que esperen, anhelen y pidan el don del Espíritu.

Pedimos el Espíritu y pensamos recibir, fortaleza, paciencia, sabiduría, gracia, serenidad, alegría. Pero recibiremos mucho más; no muchas cosas, no muchos dones, sino a alguien insospechado; recibiremos a la Persona que nos hace vivir en el amor del Padre y del Hijo. Lo mismo les ocurrió a los de Galilea, ellos esperaban recibir una justicia pequeña, una paz momentánea, un perdón transitorio y se encontraron con el Hijo de Dios, con Jesucristo, que les ofrecía su cercanía y su amistad.

Quien espera se dinamiza; quien anhela fortalece su corazón; quien sueña busca caminos que realicen lo mejor de sí mismo y de los suyos.  Quien desea, anhela, espera y sueña, crece, madura, vive en una tensión luminosa que lo hace feliz. Con los años descubrimos que si nuestros deseos se centran en nosotros mismos se quedan muy pequeños (alguna enfermedad menos o algunos años más). Nuestro anhelo ha de ser grande y generoso, vivido en el horizonte no del “yo”, sino del “nosotros”.


martes, 28 de abril de 2026

La comunidad crece

 3 de mayo

La comunidad crece (Jn 14, 1-12)



Cuando la Iglesia fue consolidándose y creciendo, los creyentes se dieron cuenta de que necesitaban dotarla de distintos servicios al Evangelio. Al principio solo estaban los apóstoles y el resto del Pueblo de Dios. Los apóstoles (unidos y en comunión) enseñaban y realizaban la fracción del pan en las casas, y los creyentes aprendían y acogían el amor de Dios. Crecían en Jesucristo, por el amor del Padre.

Poco a poco, los quehaceres se hacen más complejos. Los apóstoles delegan en un nuevo ministerio, el de los diáconos, la tarea y el servicio de la caridad con los más pobres. Pero en la Iglesia todo servicio lo es al Evangelio, y estos 7 diáconos serán vanguardia en la misión. Esteban, en el anuncio de la divinidad de Jesucristo; y Felipe en evangelización de los gentiles y, con sus cuatro hijas, en el nacimiento de la vida consagrada.

¡Qué importante es saber compartir lo más valioso que tenemos, y no solo lo exterior! Qué importante es que en una comunidad cristiana sepamos hacer partícipes a los otros de las tareas que llevamos a cabo. Compartir cosas es bueno; compartir la misión nos hace hermanos.

Catequistas, grupo de Cáritas, de liturgia, de cantos, de economía, secretaría, pastoral de la salud, hermandades... Todos hemos de ser grupos abiertos que buscan fraternalmente la unidad en la misión. Así, todos juntos, seremos signos y cauces de Evangelio.


lunes, 20 de abril de 2026

¿Quién, si no Tú, Señor?

26 de abril

¿Quién, si no Tú, Señor? (Jn 10, 1-10)


Cualquier faceta de la vida de Cristo se convierte en modelo y referencia para el que se acerque con verdadero afán de buscar lo auténticamente humano. Tan humano, tan humano como Jesús, solo puede serlo Dios.

Si nos fijamos en su mensaje moral desborda todos los parámetros que las distintas culturas han elaborado como camino de perfección humana. Son tan certeras y profundas sus enseñanzas que después de 2026 años siguen dando qué pensar y qué descubrir del alma humana.

Si nos fijamos en sus acciones, ocurre lo mismo; nadie con tanta misericordia que Él, o quien en Él ha fundado su vida; nadie con tanta valentía ante los poderosos; nadie con tanta humildad ante el humilde; nadie tan comprensivo con el pecador.

Si nos fijamos en su intimidad personal, no podremos encontrar a nadie tan asertivo, a nadie más sereno y firme, más flexible y seguro. Sabía cómo decir, y qué decir; porque sabía quién era, y cuál era su misión.

Por eso, cuando escuchamos en el Evangelio que dice: “Yo soy la puerta, quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir”, tenemos que darle la razón. En Él encontramos verdad y luz, perdón y comprensión, libertad y la razón, la única razón profunda, para nuestra entrega. De nadie podemos decir esto, solo de Jesús.