18 de octubre
Polarización manipuladora (Mt 22, 15-21)
Salvando las distancias, también Jesús tuvo que afrontar una situación social polarizada en la que dos bandos se odiaban (literalmente) a muerte. Los romanos eran potencia invasora, y quienes colaboraban con ellos pasaban por traidores al pueblo judío. Los partidarios de un poder autóctono o de la aplicación rigorista de la Ley se oponían a esa ocupación, pero solo usaban la palabra “pueblo” para disimular su egoísmo avaricioso o un fanatismo que se desentendía de la vida concreta de los pobres y sencillos, de los trabajadores y de los enfermos.
“¿Hay que pagar impuestos al César o no?” Esa era la pregunta-trampa que le espetaron. Jesús sabía tanto de la necesidad de un poder político que organice la convivencia, como de la corrupción y la hipocresía de la mayor parte de los dirigentes de su pueblo. Su respuesta fue una frase enigmática pero que los desarmó: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.”
Los cristianos tenemos que y colaborar lealmente con las instituciones políticas de nuestro país. Pero sin olvidar la justicia; sin olvidar el bien de las familias y los enfermos; sin olvidar que los jóvenes tienen derecho a su futuro; sin olvidar que Dios es Dios de vida. En este tiempo todos dicen, con más o menos sinceridad, defender esto en parte. Así que solo queda atender a otra frase de Jesús: “Por sus frutos los conoceréis.” Que la ideología no te ciegue para ver la realidad palpable de nuestra sociedad
