lunes, 24 de noviembre de 2025

trabajador silencioso

30 de noviembre

Un trabajador silencioso (Mt 24,3 7-44)


Ya saben ustedes la historia de Noé, el del arca en la que se salvaron todos los animales del diluvio. Pues fue un trabajador silencioso e incomprendido.

Cuando el Señor llama a los profetas, los llama a anunciar de palabra su voluntad, a denunciar las injusticias y a anunciar la venida del reino. Así también lo hizo Jesucristo, cuya misión fue proclamar la buena nueva del Reino a los pobres. Noé no tuvo una llamada para hablar; en la Biblia ni una sola palabra aparece pronunciada por su boca. Él fue llamado a trabajar con sus manos. El Señor le pide que construya un barco grande, inmenso, y él, sin preguntar, sin cuestionarse, sin escamotear esfuerzos lo hace. Otro hombre importante en la historia de la salvación que no habla, sino que actúa es José, el esposo de María de Nazaret. El Señor le pide y él acoge la voluntad de Dios.

La primera actitud a la que estamos llamados en este nuevo Adviento es no tanto a hablar y hablar, sino a trabajar humildemente en lo que el Señor nos pida. A José le pidió cuidar de la familia de Dios, a Noé ser el trabajador bueno y fiel del que iba a resurgir una nueva humanidad, a pesar de que uno y otro iban a contar con la incomprensión de todos. 

Enseñanza para este adviento: No hables tanto y trabaja humildemente, que el trabajo sencillo acerca a Dios. Del silencio brotará la Palabra que dé a luz la vida.


lunes, 17 de noviembre de 2025

Jubileo de esperanza

 16 de noviembre

Jubileo y esperanza (Lucas 23,35-43)



Toda peregrinación es un camino en el que se anhela el encuentro con el Señor. Un encuentro que parte de una actitud de humilde conversión y de reconocimiento de nuestros pecados; que avanza por la cercanía fraterna con quien sufre, con los más pobres; que culmina en el encuentro comunitario con la vida y el amor desbordante del Padre en su Hijo Jesucristo, que el Espíritu hace realidad en el sacramento de la Eucaristía.

El Señor es un rey especial; tiene y quiere tener un poder especial; es juez, también de una manera especial. Su manera de reinar consiste en servirnos y entregarse por nosotros; su poder se manifiesta en el perdón que nos convierte y nos transforma desde nuestra libertad; su juicio es siempre de una misericordia desbordante, que tiene sed de nuestra acogida. Encontrarnos con este Señor, rey del universo, es vivir una profunda alegría, un inmenso júbilo. Solo quien lo ha experimentado lo comprende.

La cruz es el símbolo de los cristianos porque es el lugar donde el amor de Dios se mostró con mayor nitidez y hondura. En su cruz somos juzgados con misericordia, nuestro corazón se transforma y nos encontramos con un Dios que se entrega, en cuerpo y alma, por nosotros.

Caminar hacia el Señor, como iglesia peregrina, es ya vivir la alegría de los pobres evangelizados que buscan anunciar con su vida el Evangelio.


lunes, 10 de noviembre de 2025

Alarmismo inducido

 Alarmismo inducido (Lucas 21,5-19)

Vivimos en una época de alarmismos exagerados por temas marginales; quizás para que no nos preocupemos de los temas importantes. En política y en la sociedad, muchos temas no mayores ocupan portadas y a los tertulianos; pero que las familias obreras son cada vez más pobres; que las muertes en el puesto de trabajo alcanzan cifras insoportables; que las pantallas está perjudicando gravemente a los niños, a los adolescentes y a los mayores; que se está minando la calidad democrática del estado español; que cada día asesinan a creyentes cristianos por su fe en decenas de países en Asia y África... Solo aparece fugazmente en la opinión publicada.

El papa León XIV, el prudente, nos alienta a lo importante: a amar al prójimo, sobre todo al que está en situación de debilidad; y cooperar con Jesús, como María, con la tarea de la salvación. Por desgracia, ni el mismo papa se libra de los que inducen alarmas ficticias opacando la necesidad del trabajo cotidiano y de la evangelización de cada día.

Las dos columnas de la Iglesia son Pedro y Pablo; uno trabajador del mar, el otro trabajador del cuero. Eso nos invita a alentar con nuestro trabajo cotidiano, lúcidamente y sin alarmismos, la vida, el bien y la justicia; nos invita a alentar la esperanza en un mundo que la necesita tanto como el pan de cada día, como el aire que exigimos trece veces por minuto para ser y, en tanto somos, dar un sí que glorifique, a Dios y a nuestros hermanos.


lunes, 3 de noviembre de 2025

Casa y hogar de Dios

Casa, hogar de Dios (Juan 2,13-22)


Comunidad china católica construyendo una Iglesia en una aldea


La vocación de san Francisco de Asís, así como el desarrollo de toda su vida y misión, es profundamente iluminador, reflejando una sinceridad y una ingenuidad que trasminan pureza y autenticidad. Experimentando una fuerte llamada de Dios, en la capilla abandonada de san Damián escucha, por fin, lo que Cristo le pide: “Reconstruye mi Iglesia”. Él piensa que Cristo le pide que repare aquella capilla deteriorada, y comienza a hacerlo con una dedicación y con una ilusión que contagiaba. Poco a poco se dio cuenta que la Iglesia que había que reconstruir no era un edificio pequeño, sino el Pueblo de Dios, que estaba deteriorado por la avaricia y el orgullo de los clérigos, que habían abandonado a la gente sencilla para vivir en la opulencia.

Francisco reconstruye la Iglesia desde el dinamismo de la Encarnación del Verbo de Dios, es decir, haciéndose pobre y trabajador, compartiendo la suerte de los más humildes y compadeciéndose de los que más sufrían, de los leprosos. Su vida y su lenguaje sencillo hacían más nítido el mensaje del Evangelio. No hablaba a los pobres de Cristo, caminaba con ellos hacia el encuentro del Señor, haciendo en ese camino casa y hogar con ellos.

Hoy también necesitamos a jóvenes que escuchen la llamada del Señor a hacer de nuestras iglesias, casas, hogares para los sencillos, donde se comparta el pan y el Evangelio con los pobres.