martes, 3 de marzo de 2026

Brisa fresca

08 de marzo

Un viento fresco (Jn 4, 5-42)


El camino de la cuaresma es camino hacia el bautismo, hacia la Pascua. El domingo pasado, el texto de la transfiguración del Señor era luz en de la ceguera de los discípulos que no comprendían que la cruz es el único camino del amor. En el evangelio del próximo domingo, el de la samaritana de Sicar, el Señor se nos muestra como un viento fresco que renueva nuestro ánimo y nos invita a la esperanza. En cuaresma estamos invitados a encontrarnos con Jesús que nos espera a la sombra de un árbol, cerca del brocal de un pozo, pidiéndonos agua para beber. Nos muestra su sed para poder anegar la nuestra con su agua viva. Cada encuentro con el Señor nos hace entrar en lo íntimo de nuestra vida, nos hace reconocer las contradicciones que tenemos, nos ofrece su comprensión, y nos transforma sin que sepamos cómo.

Somos como aquella samaritana: pecadores que ocultan su vergüenza tras un paño de orgullo, buscadores insatisfechos con los consuelos de este mundo, creedores de que tenemos que ganarnos con esfuerzo cada día el agua de la salvación. Jesús, como siempre: poniéndose a tiro del pecador, del alejado; valorando la sinceridad en medio de la ambigüedad de nuestra vida; predicando en todo tiempo y ocasión; caminando pobre hacia Jerusalén.

Ojalá en uno de nuestros ratos de oración de esta cuaresma experimentáramos la brisa suave de la conversación con Jesucristo que transforma el alma.


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