martes, 28 de abril de 2026

La comunidad crece

 3 de mayo

La comunidad crece (Jn 14, 1-12)



Cuando la Iglesia fue consolidándose y creciendo, los creyentes se dieron cuenta de que necesitaban dotarla de distintos servicios al Evangelio. Al principio solo estaban los apóstoles y el resto del Pueblo de Dios. Los apóstoles (unidos y en comunión) enseñaban y realizaban la fracción del pan en las casas, y los creyentes aprendían y acogían el amor de Dios. Crecían en Jesucristo, por el amor del Padre.

Poco a poco, los quehaceres se hacen más complejos. Los apóstoles delegan en un nuevo ministerio, el de los diáconos, la tarea y el servicio de la caridad con los más pobres. Pero en la Iglesia todo servicio lo es al Evangelio, y estos 7 diáconos serán vanguardia en la misión. Esteban, en el anuncio de la divinidad de Jesucristo; y Felipe en evangelización de los gentiles y, con sus cuatro hijas, en el nacimiento de la vida consagrada.

¡Qué importante es saber compartir lo más valioso que tenemos, y no solo lo exterior! Qué importante es que en una comunidad cristiana sepamos hacer partícipes a los otros de las tareas que llevamos a cabo. Compartir cosas es bueno; compartir la misión nos hace hermanos.

Catequistas, grupo de Cáritas, de liturgia, de cantos, de economía, secretaría, pastoral de la salud, hermandades... Todos hemos de ser grupos abiertos que buscan fraternalmente la unidad en la misión. Así, todos juntos, seremos signos y cauces de Evangelio.


lunes, 20 de abril de 2026

¿Quién, si no Tú, Señor?

26 de abril

¿Quién, si no Tú, Señor? (Jn 10, 1-10)


Cualquier faceta de la vida de Cristo se convierte en modelo y referencia para el que se acerque con verdadero afán de buscar lo auténticamente humano. Tan humano, tan humano como Jesús, solo puede serlo Dios.

Si nos fijamos en su mensaje moral desborda todos los parámetros que las distintas culturas han elaborado como camino de perfección humana. Son tan certeras y profundas sus enseñanzas que después de 2026 años siguen dando qué pensar y qué descubrir del alma humana.

Si nos fijamos en sus acciones, ocurre lo mismo; nadie con tanta misericordia que Él, o quien en Él ha fundado su vida; nadie con tanta valentía ante los poderosos; nadie con tanta humildad ante el humilde; nadie tan comprensivo con el pecador.

Si nos fijamos en su intimidad personal, no podremos encontrar a nadie tan asertivo, a nadie más sereno y firme, más flexible y seguro. Sabía cómo decir, y qué decir; porque sabía quién era, y cuál era su misión.

Por eso, cuando escuchamos en el Evangelio que dice: “Yo soy la puerta, quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir”, tenemos que darle la razón. En Él encontramos verdad y luz, perdón y comprensión, libertad y la razón, la única razón profunda, para nuestra entrega. De nadie podemos decir esto, solo de Jesús.


lunes, 13 de abril de 2026

El sentido del sufrimiento

19 de abril

El sentido del sufrimiento (Lc 24, 13-35)

Lo más importante en la vida es encontrar el sentido de las cosas que vivimos, y el sentido profundo de toda nuestra existencia. Sin ese descubrimiento íntimo y profundo todo nos deja fríos y vacíos; hasta el placer y el bienestar nos cansa y nos hace sentirnos ahítos, sin gusto por el bien disfrutado. Así lo entendió Viktor Frankl, un psicólogo judío que vivió la experiencia de los campos de concentración del nacismo, y que, en esa experiencia descubrió que, desde el amor y con amor, las personas podemos vivir el sufrimiento sin desesperación.

En el texto del evangelio de san Lucas del próximo domingo, Jesús mismo explica el sentido de su sufrimiento a dos discípulos que escapaban de Jerusalén a la aldea de Emaús. El Mesías tenía que pasar por la pasión y morir, para poder acoger en sí toda la condición humana y permitir a toda persona, en toda circunstancia encontrar en el amor del Padre el sentido de su vida. Jesucristo, el Hijo del Padre, muerto y resucitado, se convierte en el sentido profundo de nuestra vida: cuando crecemos en esperanza, cuando nos entregamos con amor, cuando sufrimos y cuando morimos. Siempre podemos vivir siendo hijos en el Hijo de Dios.

No siempre sabremos el porqué de lo que nos ocurre, pero siempre sabemos que todo lo nos sucede es para vivir con madurez y entrega un amor que nos reconcilia con nosotros mismos y con Dios.


lunes, 6 de abril de 2026

¡Éste es Jesucristo!

 12 de abril

¡Éste es Jesucristo! (Jn 20, 19-31)


Sabéis que un día Jesucristo preguntó a los discípulos: ¿Quién dice la gente que soy yo? Ellos contestaron lo que Él ya sabía: “Unos que un profeta, otros que Elías o Juan el bautista, otros que Jeremías”, tan grande lo veían que muchos solo explicaban su realidad desde la vuelta al mundo de los vivos de alguno de los más grandes de la historia de la salvación. Cuando Jesús les dirige la pregunta a ellos, Pedro dice sin dudar: “Tú eres el Hijo del Dios vivo”.

Si esa pregunta se la hicieran después de la resurrección, cuando habían experimentado toda la fuerza y el poder, toda la luz y el amor de Cristo, seguramente no responderían con tanta rapidez. La realidad de Cristo desborda todas las palabras que podamos decir.

Es verdad que es el Verbo eterno que estaba desde el principio en Dios, que por Él han sido hechas todas las cosas, que en Él estaban la luz y la vida de todos los hombres; que es el fulgor de la luz eterna, resplandor del Padre; la sabiduría eterna, la belleza infinita; que nos fue dado para ser nuestra sabiduría, nuestra justicia, nuestra santificación, nuestra redención. Que Él es el camino, la verdad y la vida.

Las palabras quedan pequeñas ante la Persona a quien buscan describir. Jesucristo Resucitado es un misterio que cada uno de nosotros debe buscar desde el deseo profundo y la fe humilde. No te conformes con palabras. Búscalo hasta que puedas decir: ¡Éste es Jesucristo!