lunes, 16 de marzo de 2026

Orar con Cristo, vivir en Él

22 de marzo

Orar con Cristo, vivir en Él (Jn 11, 1-45)



La oración cristiana por excelencia tiene el rasgo de que puede ser rezada por cualquiera que crea en Dios. Ninguna mención hace ni a Cristo, ni a su Iglesia. Un musulmán podría rezar el padrenuestro, sin hacerse violencia.

Pero los cristianos rezamos esta oración no de cualquier manera; los cristianos rezamos esta oración con Cristo a nuestro lado, con Cristo en nuestro interior, que con nosotros ora al Padre. “Cristo está en nosotros” y así estamos llamados a rezar. Y cuando así rezamos nuestra oración, por mejor decir la de Cristo en nosotros, es fecunda, es fuente de vida, convierte la muerte en vida.

Cristo fue al sepulcro donde yacía su amigo Lázaro, hacía cuatro días. Y con Marta y María, a las que había pedido fe en Él, rezó al Padre. Su oración fue escuchada: “Te doy gracias Padre porque me has escuchado, yo sé que Tú me escuchas siempre, lo digo por la gente que me rodea para que crean que Tú me has enviado”.

Cuando rezamos con Cristo, y no solo a Cristo, nuestra oración cambia. Se cumpla o no nuestra petición, se nos concede la vida, y una vida que no acaba, una vida que es eterna. La próxima vez que reces el padrenuestro, o que simplemente alces tu oración a Dios, reza sabiendo y sintiendo que Cristo está en ti, rezándole al Padre, en medio de nosotros, íntimamente cercano; que para eso se Encarnó, para darnos su Vida.


lunes, 9 de marzo de 2026

El pecado del mundo

15 de marzo
El pecado del mundo (Jn 9, 1-38)



El mundo está ciego al amor y a la luz de Dios. Solo ve violencia y dinero, solo se mueve por el poder y el espectáculo, todo lo oscurece y lo corrompe. El amor de pareja lo convierte en relaciones de “usar y tirar”; el trabajo lo somete a explotación e injusticia; hasta la comunicación la pervierte y la convierte en manipulación y engaño... Así estamos tentados a comprender nuestro mundo.

Esto es solo una parte de lo que es el mundo porque en el mundo está, con más profundidad y extensión, la huella del amor de Creación, del amor de Encarnación de Dios mismo. Pero aquella oscuridad nos amenaza íntimamente a todos. Ninguno de nosotros está exento de este “pecado del mundo” que nos ciega a la verdad y a la vida. Por eso todos necesitamos que cada día el Señor reconstruya en nosotros la inocencia primigenia de nuestra persona desde su cercanía e intimidad, ponga barro hecho con tierra y su propia saliva, y nos envíe a la piscina del Enviado, para que nos lavemos, y podamos ver la vida desde la fe.

Tanto es el pecado nos rodea, tanta muerte y desolación provoca, en tanta guerra y mentira nos mete que el Padre envió a su Hijo para darnos el Espíritu del amor. El pecado nos ciega, el amor del Padre y del Hijo nos devuelve a la luz de la vida. Piensa un poco en aquello que te está cegando a la luz de la fraternidad y de la fe. La Pascua, en la que Cristo carga con ese pecado y lo vence, está cerca.


martes, 3 de marzo de 2026

Brisa fresca

08 de marzo

Un viento fresco (Jn 4, 5-42)


El camino de la cuaresma es camino hacia el bautismo, hacia la Pascua. El domingo pasado, el texto de la transfiguración del Señor era luz en de la ceguera de los discípulos que no comprendían que la cruz es el único camino del amor. En el evangelio del próximo domingo, el de la samaritana de Sicar, el Señor se nos muestra como un viento fresco que renueva nuestro ánimo y nos invita a la esperanza. En cuaresma estamos invitados a encontrarnos con Jesús que nos espera a la sombra de un árbol, cerca del brocal de un pozo, pidiéndonos agua para beber. Nos muestra su sed para poder anegar la nuestra con su agua viva. Cada encuentro con el Señor nos hace entrar en lo íntimo de nuestra vida, nos hace reconocer las contradicciones que tenemos, nos ofrece su comprensión, y nos transforma sin que sepamos cómo.

Somos como aquella samaritana: pecadores que ocultan su vergüenza tras un paño de orgullo, buscadores insatisfechos con los consuelos de este mundo, creedores de que tenemos que ganarnos con esfuerzo cada día el agua de la salvación. Jesús, como siempre: poniéndose a tiro del pecador, del alejado; valorando la sinceridad en medio de la ambigüedad de nuestra vida; predicando en todo tiempo y ocasión; caminando pobre hacia Jerusalén.

Ojalá en uno de nuestros ratos de oración de esta cuaresma experimentáramos la brisa suave de la conversación con Jesucristo que transforma el alma.


lunes, 23 de febrero de 2026

La transfiguración de un barrio

01 de marzo

Transfiguración de un barrio (Mt 17, 1-9)


No teníamos más que pobreza para compartir; una sala de baile destartalada y ruinosa. En primer lugar, había que alojar allí al Maestro, al buen Dios y hacerle una habitación bajo este techo de pecado. (...) Todo el mundo era tan feliz de ver esta transformación que no hubo nadie que no se prestarse a colaborar; en menos de dos meses, la capilla ha estado instalada, organizada.

Así se expresa el padre Chevrier, recordando el inicio de la obra del Prado. Un proyecto que va a transformar un barrio. Hay círculos viciosos que estropean nuestra vida, también hay círculos virtuosos en los que una acción buena va multiplicándose poco a poco hasta transformar toda una colectividad. La siembra que se hace en el corazón de las personas de un pueblo o un barrio sigue dando fruto, como árboles de buenas raíces, durante mucho tiempo.

Cuando en medio de la oscuridad del pecado se enciende la luz del Evangelio, se abre la puerta a la transfiguración personal. Cristo se llevó a Pedro, Juan y Santiago al monte Tabor, y allí les mostró la luz de su divinidad, la gloria que se traslucía en su carne humana.  

Ojalá también en nosotros, un acercamiento a quienes sufren, nuestra humilde oración diaria, nuestra participación en la parroquia sean cauce de transfiguración personal. Y también nuestro corazón (“aquel lugar de pecado”) lo reconozcamos como templo “donde alojar al Maestro, al buen Dios”. 


domingo, 15 de febrero de 2026

El combate cristiano

22 de febrero

El combate cristiano (Mt 4, 1-11)


Comenzamos un nuevo tiempo de cuaresma, y con él hemos de renovar nuestro afán por seguir más de cerca a Jesucristo. La rutina de los días, siendo buena y necesaria, puede hacernos olvidar el motivo último de nuestros trabajos y nuestros desvelos, puede hacer que nos acostumbremos a la falta de fe, y a las ideas injustas e insolidarias que en tantos lugares escuchamos.

La vida de Jesús fe un combate a vida o muerte con el mal; contra la manipulación de la religión; contra la ideología del dinero y del poder; contra, incluso, la fe acomodaticia que sus discípulos tenían. La vida de Jesús fue un combate que ganó para nosotros con su muerte. En esta cuaresma, ¡cuánto importa tener el espíritu de Jesucristo, para no guerrear contra él, sino para combatir a su favor! 

Tanto ha llovido y tanto llueve que nos parece que lícito orar sin practicar la misericordia; hablar de Cristo sin sentir temor y temblor ante tan necesaria osadía; vivir cómodamente sin ruborizarnos por nuestra incoherencia. La indiferencia y la ideología se nos filtra por techos y paredes hasta poner negra y maloliente nuestra casa.

Necesitamos un ayuno que nos haga tener hambre de Cristo; una limosna que nos empobrezca y nos acerque a los pobres; una oración que nos aliente en nuestro seguimiento a Cristo. 


martes, 10 de febrero de 2026

Mira solo a Jesucristo

15 de febrero

Mira solo a Jesucristo (Mt 5, 17-37)


Las personas somos paradójicas y contradictorias. Mientras más nos buscamos a nosotros mismos, y mientras más nos preocupamos, egoístamente, por nosotros y nuestro bienestar, más problemas tenemos o nos inventamos, menos capaces somos de afrontar las dificultades que siempre va a tener nuestra vida. Y, al contrario, cuando acogemos humildemente la llamada que Dios nos hace al servicio y a la entrega a su voluntad, con más alegría vivimos, con más plenitud sentimos, lento y suave, el fluir del tiempo.

En el trato con las personas no andes llevando cuentas del mal; en el trato con los que más quieres, entrégate sin reservas; en el trato con Dios, deja que Él siempre sea tu norte y tu vida. Los mandatos de Dios son la luz y la alegría del creyente; son manantial fresco y vida renovada para nosotros.

Pero no pienses en normas y en prohibiciones. La vida de Jesús es la explicación auténtica de su propio mensaje. Vivió alentando, entre sus discípulos, una armonía servicial que los capacitaba para la misión; se entregó sin fisuras, consagrado por entero, al amor del Padre; con su muerte y resurrección dio pleno cumplimiento a la Ley y los Profetas, mostrando el rostro, inusitadamente nítido, de la misericordia de Dios. Para saber qué es misericordia y verdad, justicia y servicio, alegría y consuelo, radicalidad y esperanza..., mira a Jesucristo y solo a Él.


lunes, 2 de febrero de 2026

Sal que salas

08 de febrero

Sal que salas (Mt 5, 13-16)


La advertencia de Jesús en el comienzo de su predicación más larga es severa: “Si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.” Y es una advertencia a nosotros, que queremos ser sus discípulos. Si no mantenemos el espíritu de fe y de esperanza en el Padre en nuestra vida concreta, qué sentido tiene que nos consideremos discípulos de Cristo. Nuestra alegría no será la que anunciaban las bienaventuranzas, sino una alegría superficial que no perdura.

Nuestra alegría será cristiana cuando nos alegremos al compartir. “Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, cubre a quien ves desnudo y no te desentiendas de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas”, sigue clamando Isaías. Y cuando nuestra fe y nuestro amor a Cristo no retroceda ante la cruz. “Nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado”, nos dice también hoy a nosotros Pablo, el apóstol de los gentiles.

La verdad de nuestra vida pasa por la pobreza del pesebre y por la entrega de la cruz. Todo lo que no sea eso es un fe de “postureo”, de medallitas y rezos, pero sin que nos dejemos acoger por Jesucristo, el Hijo, la gloria del Padre; sin ser de verdad cristianos, discípulos de Cristo.


lunes, 26 de enero de 2026

La prudencia y la plenitud

Lo razonable y la plenitud (Mt 5, 1-13)


El Evangelio se mueve constantemente entre lo más sensato y razonable, y la propuesta más radical de vida para vivir en plenitud. Jesús, siguiendo la tradición bíblica, exhorta a sus discípulos a ser prudentes y a no poner la vida ni en el afán por el dinero, ni en el qué dirán, ni en una vida superficial y vacía. Aconseja hacer el bien a todos y a sembrar la paz; nos invita a una vida de trabajo sencillo y de amor con la familia, con los amigos y con los más pobres.

Pero cuando se trata de amor, no hay prudencias que valgan. Amor, amor y solo amor es lo que llena de plenitud el corazón de la persona. Él lo sabe y lo vive, y así se lo enseña a sus discípulos. A la llamada del Señor que nos ama y nos invita a amar anunciando el Evangelio, los discípulos lo dejan todo y lo siguen. Ante el rencor, amor a los enemigos; ante la violencia, la oración de bendición. 

Actuar con prudencia y sensatez es necesario; pero toda nuestra inteligencia y razón, todos nuestras inclinaciones y gustos han de estar al servicio del amor más grande. Sin amor somos campana que retiñe o címbalo que resuena y que acaban en nada.

Sé prudente en todo; y esa prudencia empléala en amar a quien debes amar, por el amor de quien es el Amor. Nadie vive con más felicidad que el da entrega su vida por amor. Es éste el don más grande que Dios nos entrega como pan en la oración de cada día.


lunes, 19 de enero de 2026

Comienza la Buena Noticia

25 de enero

Comienza la Buena Noticia (Mt 4, 12-23)



“El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande”. Jesús de Nazaret comenzó a predicar y a realizar signos de compasión con quien sufría. Por las aldeas y los caseríos iba desgranando una Buena Noticia que los sabios y entendidos de todos los tiempos querrán inquirir y comprender: “Felices los pobres”, “rezad por los que os persiguen”, “no pongáis vuestro corazón en el dinero”, “Dios mismo es vuestro Padre”. Aquellos campesinos, como los sabios de todos los tiempos y como nosotros mismos no acertamos a comprender la profundidad de la Buena Noticia de Jesús. Pero ellos tenían una ventaja: contaban con la presencia del Nazareno, fueron testigos de la fuerza y la autoridad que tenía su persona. No importaba entender; a cada uno llegaba y se quedaba con una de las palabras del Maestro. Pero aquella “palabra” se imprimía a fuego en su alma porque era la luz que necesitaba.

Hoy entre nosotros sigue siendo igual. La Buena Noticia es Jesucristo, su presencia en nuestro corazón y nuestra vida. No importa si no lo entendemos todo. No importa que haya cosas que nos resulten inalcanzables. Importa escucharlo a Él. Pero hoy, ¿quién estará dispuesto a prestarle su voz para que Él siga siendo Palabra?, ¿quién estará presto a entregarle su vida para que Él siga dando a suya a los pobres?, ¿quién aceptará ser “pescador de hombres”?


lunes, 12 de enero de 2026

¡Qué bello y qué grande eres!

 

18 de enero

¡Qué bello y qué grande eres! (Jn 1, 29-34)


Muchos pueden criticar a la Iglesia, y en sus críticas tienen parte de razón. Muchos pueden criticar nuestra manera de vivir la fe cristiana por tibia, incluso por hipócrita; y tendrán bastante razón. Pero cuando centran su atención en Jesucristo, las críticas se silencian y se abre la puerta de la admiración.

La valentía y la prudencia; la justicia y la misericordia; la preocupación por los últimos y el perdón al pecador; la capacidad de servicio olvidándose de su propia vida; la sabiduría que todos entienden y que a todos desborda; la coherencia vital entre lo que dice y lo que hace; su humildad que descoloca, y a la vez su pretensión de ser el camino y la verdad y la vida... Todo en Jesucristo llama a una admiración que nos introduce en el silencio.

Ninguna filosofía llegó a una verdad tan alta y tan profunda; ningún sistema político pudo soñar una transformación tan profunda de la sociedad cuando es su Espíritu el que nos conduce; ningún artista pudo reflejar tanta belleza como trasmina su persona en el Evangelio. Jesucristo es el cordero sin mancha que quita el pecado del mundo.

No somos cristianos por nuestras virtudes, ni siquiera por las virtudes de la Iglesia. Nuestra fe se fundamenta en una persona que mirándonos a los ojos nos muestra nuestra verdadera realidad en sus pupilas. En tu mirada todos nos hacemos más amables y buenos. ¡Ten piedad de nosotros! 


lunes, 5 de enero de 2026

El comienzo de la salvación

11 de enero

El comienzo de la salvación (Mt 3, 13-17)


Todos los evangelios recogen la narración del bautismo del Señor como el inicio de su vida pública. Cuando llegó el tiempo a su madurez Jesús supo que tenía que iniciar su misión. Una experiencia fundamental se lo ratificó. Fue donde estaba Juan, el hijo de Zacarías, en la montaña de Judea; allí se estaban convocando muchos israelitas ante su llamada a la conversión. En Jesús este gesto tuvo una resonancia especial, experimentó el amor del Padre y su llamada a llevarle como hermanos, como hijos a toda la humanidad. Su vida y su muerte serían el sacramento de la Vida Nueva.

Desde entonces muchos se han sentido acogidos en Cristo como hijos de Dios. En algún momento, el fracaso de sus expectativas, un desengaño profundo en la vida ha llevado a algunos a dejarse abrazar por Cristo en vez de hundirse en la desesperación; en otros ha sido la ilusión por participar y colaborar en algo grande y hermoso, el deseo por llevar la buena noticia a los pobres, de impulsar justicia para este mundo; en otros un profundo anhelo de trascendencia, de paz interior, de encuentro, los llevaba hacia Cristo... Todos, al encontrarse con el Señor, nos hemos visto alentados a vivir y a dar vida.

El bautismo es el comienzo. Todo comienzo auténtico brota del bautismo, de la cercanía y la amistad con Cristo que purifica nuestro amor y alienta nuestra vida.