01 de enero
La madre de Dios (Lc 2, 16-21)
El día 1 de enero es día de muchas cosas. Comienza un año, es el día de la paz, día de buenos (y voluntaristas) propósitos, día de los “manueles” ...; también, día de resaca y asqueo de lo superficial. Hasta la naranja más dulce, si se exprime demasiado, amarga.
El día 1 de enero es el día, también, de María, madre de Dios; para algunos, blasfemia, para otros, signo cierto de salvación. Seguimos celebrando la locura de un Dios que por amor quiso nacer de las entrañas de una mujer. Humildad de Dios hasta la locura, confianza en nosotros, los hombres, hasta una locura mayor, pero sabiduría y poder de lo alto que nos muestra nuestra dignidad y nos llama a vivir como hijos.
Nos fijamos en María; ella, nos dice el Evangelio, “conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón”. Ni sombra de orgullo, ni rastro ingenuidad. María se abría con lucidez desde la pequeñez de su ser a la realidad de misericordia inmensa que tenía entre sus brazos. Esa ha de ser también nuestra actitud constante. Dios ha puesto en nuestras manos un mundo signo de su amor. Contemplemos la naturaleza, al hermano, al pobre, a nuestra propia vida como signos del amor de Dios que nos llama a custodiarlos y cuidarlos. Vivir como cuando tienes la comunión en la palma de tu mano, tú la acoges con respeto y adoración, ella se hace en ti signo de salvación.
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