24 de mayo
Don de dones (Jn 20, 19-23)
Cuando nos ofrecen un regalo, un pequeño don, acogemos, no lo material que se nos entrega, sino el aprecio de la persona que nos lo hace. No importa lo que se ha regalado, sino el cariño y la atención que se ha puesto en aquel don. Por eso, los pequeños regalos de quien nos quiere tienen siempre sabor de algo personal: una prenda que necesitábamos, un artilugio que nos hacía ilusión, un libro del autor o del tema que nos gusta...
Los dones del Espíritu Santo son 7, como sabemos. Pero en esos 7 dones están encerrados todos los dones que necesitamos; y, sobre todo, se nos está dando el mismo Amor de Dios. El Espíritu es padre amoroso del pobre, luz que penetra las almas, fuente del mayor consuelo; pero el don que verdaderamente nos dona es vivir en el mismo amor que el Padre y el Hijo comparten. Viviendo en ese amor, experimentamos tregua en nuestras guerras y trabajos, que nuestro espíritu indómito se somete a la voluntad de Dios, que nuestro corazón sana, y descubrimos el camino, la llamada y la misión, que Dios pone en nuestras vidas.
El verdadero don es vivir en el Espíritu, en el Amor del Padre y del Hijo. De esa experiencia brotan la íntima reconciliación y el deseo profundo de entregarnos a los pobres y a la evangelización. El Espíritu nos hace superar todas nuestras contradicciones, todo lo que nos aliena, nos permite vivir en plena comunión con nuestros hermanos, con nosotros mismos y con Dios.
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