07 de junio
Cuerpo de Cristo (Jn 6, 51-58)
Vamos a la Iglesia buscando un momento de serenidad y fe; nos ponemos frente al Sagrario creyendo que allí está el Cuerpo de Cristo. “Esto es mi cuerpo”, dijo el Señor en la Última Cena, y mandó a los apóstoles: “Haced esto en memoria mía”. Los sacerdotes prosiguen este mandato. Vamos a la Iglesia a participar en la Eucaristía, y al escuchar la palabra y comulgar el pan del Señor nos sentimos, como comunidad cristiana, en profunda comunión con Él. No es ya una oración individual; ancianos y jóvenes, los niños y sus padres alimentados con un mismo pan, formando un solo cuerpo en Cristo.
Pero la Iglesia es más que una pequeña comunidad de barrio. En tantos barrios, en tantos pueblos, tantas personas deseamos vivir en comunión con el Señor, que la Iglesia se hace universal, católica. Albañiles y arquitectos, artistas y doctoras, religiosas jóvenes y mayores, catequistas y voluntarios de cáritas; unos más sensibles a la oración, otros experimentando la llamada de Dios en los pobres; unos cristianos perseguidos, otros demasiado acomodados; todos pecadores, todos buscando acoger la gracia y la bondad del Señor: Iglesia peregrina.
Viene León XIV y va a hacer visible esa universalidad de la Iglesia que quiere ser semilla del Reino en todo lugar, en cada corazón. El cuerpo de Cristo sigue entregándose y llamando a anunciar el Evangelio a los pobres.
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