martes, 30 de diciembre de 2025

La madre de Dios

01 de enero

La madre de Dios (Lc 2, 16-21)


El día 1 de enero es día de muchas cosas. Comienza un año, es el día de la paz, día de buenos (y voluntaristas) propósitos, día de los “manueles” ...; también, día de resaca y asqueo de lo superficial. Hasta la naranja más dulce, si se exprime demasiado, amarga. 

El día 1 de enero es el día, también, de María, madre de Dios; para algunos, blasfemia, para otros, signo cierto de salvación. Seguimos celebrando la locura de un Dios que por amor quiso nacer de las entrañas de una mujer. Humildad de Dios hasta la locura, confianza en nosotros, los hombres, hasta una locura mayor, pero sabiduría y poder de lo alto que nos muestra nuestra dignidad y nos llama a vivir como hijos.

Nos fijamos en María; ella, nos dice el Evangelio, “conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón”. Ni sombra de orgullo, ni rastro ingenuidad. María se abría con lucidez desde la pequeñez de su ser a la realidad de misericordia inmensa que tenía entre sus brazos. Esa ha de ser también nuestra actitud constante. Dios ha puesto en nuestras manos un mundo signo de su amor. Contemplemos la naturaleza, al hermano, al pobre, a nuestra propia vida como signos del amor de Dios que nos llama a custodiarlos y cuidarlos. Vivir como cuando tienes la comunión en la palma de tu mano, tú la acoges con respeto y adoración, ella se hace en ti signo de salvación.


lunes, 22 de diciembre de 2025

¿Qué es una familia?

28 de diciembre

¿Qué es una familia? (Lc 2, 41-52)


La familia es donde aprendemos a ser personas; donde se nos trata con bondad y con paciencia, donde nos sentimos comprendidos y apreciados, donde se nos sobrelleva y donde se nos perdona; y donde se nos enseña a hacer lo mismo con los hermanos. En familia es donde aprendemos a que el amor es “el vínculo de la unidad perfecta” en medio de nuestras imperfecciones, donde nos sentimos en nuestra casa, en nuestro hogar, nos sentimos en paz. La familia es por lo que, cuando maduramos, siempre damos las gracias.

En la familia aprendemos a ser hermanos. Tener hermanos es un derecho básico universal. En familia aprendemos a ser hombre y mujer. Tener padre y madre es, también, un derecho básico universal. En la familia aprendemos la incondicionalidad del amor y de la propia dignidad personal.

Ya sé que no siempre es así. Que la vida, algunas veces por el pecado de unos y de otros, y otras veces por imponderables, no nos permite vivir todo esto. Pero hasta en la carencia y en la falta, hasta en la incoherencia y en el pecado se intuye y se nos alienta a un verdadero amor de familia. Las sombras siempre nos hacen anhelar la luz.

Sagrada Familia de Nazaret, obrera y emigrante, concedednos la gracia de vivir un amor de familia sano y sanante, un amor que es siempre de gracia santificante.


lunes, 15 de diciembre de 2025

San José, hombre y creyente.

21 de diciembre

José, hombre y creyente (Mt 1,18-24)



Desde hace demasiado tiempo todo se polariza en España. Las suspicacias de algunos han llegado hasta la tradición del Belén. “En espacios públicos no se deben poner símbolos religiosos”—dicen. Pueden tener alguna razón, pero cuando esos símbolos son profundamente humanos y están radicalmente enraizados en nuestra cultura, renunciar a ellos es empobrecernos, y dejar un vacío cultural que lo viene a ocupar la mentalidad consumista y superficial del capitalismo. No seamos estúpidos.

En la historia del nacimiento de Jesucristo, san José tiene un papel importantísimo. Es un hombre justo, por encima de las vigencias culturales de su tiempo, terriblemente machistas. Decidió no repudiar a su prometida cuando descubrió que estaba embarazada y no podía ser de él, solo para salvarle la vida. La pena que se les imponía era la de muerte por apedreamiento. Pensándose deshonrado decidió salvar la vida de María y del hijo que traía, en contra de las leyes machistas de su tiempo.

Es, también, ejemplo de creyente. Creyó el anuncio de lo alto que le decía que el niño que tenía María en su seno era fruto del Espíritu Santo; y, sin decir palabra, puso por obra la voluntad de Dios en su vida, y se hizo custodio de la Luz. Los hombres creyentes tenemos en san José un referente esencial. Su sencillez, su generosidad, su entrega, su perseverancia en custodiar la vida, y su fe tienen que inspirarnos a cada uno de nosotros.


miércoles, 10 de diciembre de 2025

Signos de la fe

 Signos de la fe (Mt 11, 2-11)



El humo es signo de que en alguna parte hay fuego; la fiebre, de que en nuestro organismo hay infección. Un abrazo o un beso, si no son fingidos, son signos de cariño, de amistad, de amor verdadero. Los signos físicos son solo señales de la causa que los provoca; los signos humanos refuerzan, afianzan y hacen avanzar el sentimiento que los impulsa. El beso, la caricia o el abrazo acrecientan el afecto mutuo; hacen realidad compartida lo que solo era un sentimiento.

La fe también tiene signos: hechos que muestran cómo el amor de Dios mueve nuestra vida. La oración es signo de nuestra confianza en Dios. La fraternidad y la ayuda al que sufre son signos de que el amor de Dios va transformando nuestra vida. La fe viva siempre da signos de ayuda al más débil, de acogida del diferente, de justicia para el oprimido. La palabra de la fe sin que la acompañen signos de vida suena vacía y hueca. Cuando a Jesús le pregunta Juan el Bautista si es el Mesías no responde con muchas palabras, sino con signos: “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; y a los pobres se les anuncia el Evangelio.” 

Cómo creyentes y como comunidad cristiana, ¿qué signos estamos dando de una fe en el Dios del amor y de la vida, en el Dios de la justica y la paz, en el Dios que es amigo de los pobres?



lunes, 1 de diciembre de 2025

Hacen falta profetas

7 de diciembre 

Hacen falta profetas (Mt 3, 1-12)



Todas las épocas de la historia de la Iglesia tienen su Juan Bautista. La fe parecía languidecer; la hipocresía y los intereses creados parecían haberse adueñado de los representantes de la institución religiosa; el pueblo, con un anhelo latente de verdad, se alienaba en lo cotidiano. Pero Dios siempre suscita, de una manera u otra, a alguien que viviendo en pobreza y cerca de los pobres anuncia la verdad del Evangelio.

En un tiempo fueron los monjes los que, como Juan, se fueron al desierto para renovar a la Iglesia. Después, Francisco de Asís, entre otros, acogió la llamada a vivir pobremente, cerca de los pobres, anunciándoles el Evangelio... Religiosos, laicos, sacerdotes, hombres y mujeres de Dios han retomado constantemente el testigo de preparar el camino del Señor en el seno de su pueblo. Hoy también necesitamos hombres y mujeres que levanten la voz para hacernos mirar nuestra vida con esperanza. Necesitamos comunidades de creyentes que en su vida cotidiana sean testigos de la honestidad desde la pobreza, de la fe con esperanza, de un amor que, llenándose de Dios, se preocupa por el pobre.

Juan Bautista se fue al desierto a convocar al pueblo de Dios a la esperanza de la venida del Mesías. ¿Quién acogerá hoy el testigo de anunciar una fe sincera, sin hipocresía, sin orgullo, sin que la cultura en la que vivimos la ahogue en la superficialidad?


lunes, 24 de noviembre de 2025

trabajador silencioso

30 de noviembre

Un trabajador silencioso (Mt 24,3 7-44)


Ya saben ustedes la historia de Noé, el del arca en la que se salvaron todos los animales del diluvio. Pues fue un trabajador silencioso e incomprendido.

Cuando el Señor llama a los profetas, los llama a anunciar de palabra su voluntad, a denunciar las injusticias y a anunciar la venida del reino. Así también lo hizo Jesucristo, cuya misión fue proclamar la buena nueva del Reino a los pobres. Noé no tuvo una llamada para hablar; en la Biblia ni una sola palabra aparece pronunciada por su boca. Él fue llamado a trabajar con sus manos. El Señor le pide que construya un barco grande, inmenso, y él, sin preguntar, sin cuestionarse, sin escamotear esfuerzos lo hace. Otro hombre importante en la historia de la salvación que no habla, sino que actúa es José, el esposo de María de Nazaret. El Señor le pide y él acoge la voluntad de Dios.

La primera actitud a la que estamos llamados en este nuevo Adviento es no tanto a hablar y hablar, sino a trabajar humildemente en lo que el Señor nos pida. A José le pidió cuidar de la familia de Dios, a Noé ser el trabajador bueno y fiel del que iba a resurgir una nueva humanidad, a pesar de que uno y otro iban a contar con la incomprensión de todos. 

Enseñanza para este adviento: No hables tanto y trabaja humildemente, que el trabajo sencillo acerca a Dios. Del silencio brotará la Palabra que dé a luz la vida.


lunes, 17 de noviembre de 2025

Jubileo de esperanza

 16 de noviembre

Jubileo y esperanza (Lucas 23,35-43)



Toda peregrinación es un camino en el que se anhela el encuentro con el Señor. Un encuentro que parte de una actitud de humilde conversión y de reconocimiento de nuestros pecados; que avanza por la cercanía fraterna con quien sufre, con los más pobres; que culmina en el encuentro comunitario con la vida y el amor desbordante del Padre en su Hijo Jesucristo, que el Espíritu hace realidad en el sacramento de la Eucaristía.

El Señor es un rey especial; tiene y quiere tener un poder especial; es juez, también de una manera especial. Su manera de reinar consiste en servirnos y entregarse por nosotros; su poder se manifiesta en el perdón que nos convierte y nos transforma desde nuestra libertad; su juicio es siempre de una misericordia desbordante, que tiene sed de nuestra acogida. Encontrarnos con este Señor, rey del universo, es vivir una profunda alegría, un inmenso júbilo. Solo quien lo ha experimentado lo comprende.

La cruz es el símbolo de los cristianos porque es el lugar donde el amor de Dios se mostró con mayor nitidez y hondura. En su cruz somos juzgados con misericordia, nuestro corazón se transforma y nos encontramos con un Dios que se entrega, en cuerpo y alma, por nosotros.

Caminar hacia el Señor, como iglesia peregrina, es ya vivir la alegría de los pobres evangelizados que buscan anunciar con su vida el Evangelio.