20 de julio
Tiempo de hospitalidad (Lucas 10, 42-38)
El verano es tiempo de descanso, de vivir más lentamente; también es tiempo de encuentros, con la naturaleza, con los amigos, con nuestros propios deseos... Se nos rompe la rutina de todo el año y tenemos la oportunidad de mirar nuestra vida cara a cara. Vamos y venimos; vienen y van; nos acercamos, y se nos acercan vidas distintas que nos alegran y nos permiten abrirnos a lo nuevo.
Es verdad que a los mayores nos parece que ya lo conocemos todo, que todo lo sabemos, que todo lo hemos vivido. Pero no es así. La vida nos plantea siempre novedades, situaciones y personas a las que acoger, dándoles tiempo para dialogar con ellas, para abrirnos al horizonte que nos muestran. "Hospitalidad" significa afecto a los extraños, a los que no están siempre con nosotros. El verano es tiempo de hospitalidad. De quien menos esperamos nos llega la respuesta a alguna de nuestras preguntas; o alguna pregunta a lo que dábamos por sabido.
Ser hospitalario conlleva preparar a quien viene lo necesario para que se sienta acogido. Pero la verdadera hospitalidad es acoger la vida del otro haciéndole un lugar entrañable en la nuestra. Así lo hizo Abraham con tres caminantes, así lo hizo María de Betania con Jesús. Ambos encontraron lo que anhelaban, sin esperarlo. Buen verano.
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