7 de septiembre
Sufridos y felices (Lucas 14, 25-33)
“Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.” El Evangelio de Jesucristo es paradójico. Nos promete felicidad y plenitud de vida, y, a la vez, nos señala la necesidad de cargar con la cruz. Quizás no sea solo el Evangelio, nuestra misma vida, nuestra misma condición de personas es contradictoria y paradójica.
Vivimos con más plenitud cuanto nuestra vida más se vuelca en los demás. Somos más nosotros mismos cuando renunciamos a mantener nuestra imagen y a responder a las expectativas que los demás se han hecho de nosotros.
Todos, aunque las rehuyamos, vamos a tener que cargar con cruces. Cargar con la cruz e ir en pos de Jesús nos da la certeza de que cargamos con las dificultades y los problemas que merecen la pena, con las que nos hacen más humanos; ir en pos de Jesús, nos ofrece el consuelo y la luz de recorrer el mismo camino que Jesucristo, con la esperanza de vivir con Él y en Él.
En el sagrario y en el silencio encontrarás el sentido profundo de las cruces que Cristo te invita a asumir, por tu bien y por el de los más pobres. La vaciedad y el ruido nos cansan. “La música callada, la soledad sonora, la cena que recrea y enamora” nos hacen vivir con plenitud de sentido y de amor.
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