jueves, 25 de septiembre de 2025

De la lástima y la compasión

28 de septiembre

De la lástima y la compasión (Lc 16, 19-31)

Jesús siempre se sitúa cercano al que sufre. En la parábola que leeremos el próximo domingo se nos narra la situación de dos personas: Un rico que “vestía de púrpura y lino y banqueteaba espléndidamente cada día”; y un pobre, que mendigaba a las puertas de aquel rico, y que “hasta los perros venían a lamerle las llagas”. En tiempos de Jesús todas las personas con discapacidad o los enfermos crónicos se veían obligados a mendigar, no tenían otra posibilidad de ganarse el pan de cada día. 

En la parábola Jesús recuerda el nombre del pobre, se llamaba Lázaro. Nos acerca la humanidad sufriente con rostro, con su nombre propio, haciéndonos cercanos a aquel que necesita de nuestra ayuda, invitándonos a la compasión con él. Compadecerse es muy distinto de “tener lástima”; compadecerse es “padecer-con” los problemas del otro, “sentir-con” sus dificultades, querer acompañarlo reconociendo sus capacidades y su valía. Sentir lástima es tratar al pobre como un número, poniéndole una etiqueta despectiva, dándole una limosna para tranquilizar nuestra conciencia. El amor cristiano siempre es un amor cercano, que busca ayudar al otro, y en lo que se pueda, a levantarse de su postración, a hacerse dueño de su vida y a aportar lo mejor de sí mismo.

Dios nos advierte severamente a que seamos compasivos con los pobres y los que sufren, y acogedores con todos. 


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