Del gobierno y los ciudadanos (Lc 16, 1-13)
Nuestras sociedades se han hecho tan complejas que la responsabilidad personal ante los problemas sociales parece diluirse; como si no contáramos, como si no fueran importantes nuestras actitudes personales ante los problemas sociales. La protesta contra el gobierno y los políticos parece la única manera de participación en el ámbito de lo social. Vivimos una suerte de “politicitis”, inflamación de lo político; y tenemos deprimido el “sistema inmunitario” como personas y vecinos. Pesan demasiado sobre nosotros las palabras de unos y de otros; cuando lo que más nos tendría que preocupar son sus acciones; ya por acertadas, y se ganen continuar, ya por corruptas o erradas y los echemos en las próximas elecciones.
El Evangelio nos pide a todos vivir desde la humildad ante Dios y desde la justicia con nuestros hermanos. Tú eres el que puedes no subir el precio de alquiler de tu piso hasta límites de abuso. Tú eres el que tienes que ofrecer las mejores condiciones de trabajo posibles a tus trabajadores. Tú eres el que puedes dejar de abusar de las bajas laborales y de la desidia que perjudica a tu empresa. Tú eres quien puedes acoger al emigrante con respeto y ofreciéndole tu ayuda en lo que necesite.
Ante Dios no te preguntarán tu opinión sobre los políticos, sino qué hiciste para vivir con justicia con tus hermanos.
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