Evangelio del domingo 21 de febrero de
2021
En vez de ira, paciencia (Marcos 1,12-15)
Dicen algunos que nuestra
sociedad ha perdido el sentido del pecado. Y puede ser que muchas veces nos
engañemos pensando que nada de lo que hacemos está mal y que tenemos muchos
derechos y ninguna obligación. Vivimos en una cultura que alienta al pecado, y
el pecado sigue socavando y destruyendo la vida de las personas.
Uno de los pecados que
más se alienta es el de la ira. Los mensajes más reproducidos y los vídeos que
se hacen virales son aquellos que alientan el enfado, la indignación y la ira
de quienes los ven. La cadencia del tiempo en las redes es muy rápida, y la
reflexión serena requiere un poco de más serenidad. Todo se explica en blanco y
negro, sin matices; en todo se busca un culpable, que suele ser chivo
expiatorio de todos los males. Y como cada uno busca lo que se acompasa con sus
ideas, los de derechas cada vez lo son más, lo mismo que los de izquierda. En
lo único que coinciden es en su más intensa radicalización.
La ira, la
polarización, la violencia en las palabras y en el corazón están carcomiendo nuestra
sociedad. Personas de buenos sentimientos, que saben de lo necesario de
perdonar y de aceptar al distinto, están perdiendo esos valores ante la
polarización político e ideológica que vivimos. Esa ira acaba por manifestarse
en nuestro día a día, con quienes convivimos.
Frente a la ira, Jesús
de Nazaret sabe de misericordia y de paciencia, de la misericordia y la
paciencia del Padre. Jesús comprende los
sentimientos de todos, aunque no los comparta; y busca caminos para que nos encontremos
con nuestro propio rostro en la soledad y la desnudez, que en tantas ocasiones
nos toca vivir, y que él nos invita a acoger como desierto en el que meditar la
salvación. Es cuaresma.
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