04 de octubre
La viña de mi amigo (Mt 21,33-43)
De pequeño me llevaban, de vez en cuando, a la viña. La viña era un campo con una casita pequeña de labradores y un pozo con una alberca. Siempre era muy divertido ver a los animales; en verano la alberca verde y fresca era lo mejor; había higueras y vides, árboles frutales de distinto tipo... En la viña se juntaba la hermosura y la fecundidad de la naturaleza, y el trabajo del hombre que las ponía al servicio de la familia, de los niños, de la vida.
La Biblia usa la metáfora de la viña para describir lo que quiere Dios para su pueblo. Una imagen bella y poderosa para personas de cultura agraria. Pero una hermosa viña se convierte en un erial, en un lugar inhóspito para las personas si en vez de vivir en armonía con la naturaleza se usa con injusticia; si se busca sacar beneficios con trabajo de explotación, si se busca sacar dinero sin respetar el equilibrio natural. La injusticia, la avaricia, el orgullo de unos contra otros, convierten la viña de la Creación en un lugar triste e inhumano.
Este domingo finaliza el mes que la Iglesia dedica a la oración por la defensa de la casa común que Dios nos ha regalado a todas las personas: Justicia y ecología, cuidado de la naturaleza y respeto a la dignidad de cada persona, centro de la creación. Los que vemos la naturaleza y a los otros como un don siempre hemos de agradecer y cuidar el regalo que Dios nos hace cada día.
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