11 de octubre
Parábola o relato (Mt 22,1-14)
Últimamente en las tertulias sobre política, se habla mucho de “ganar el relato”. Se entiende por tal conseguir centrar el análisis de la realidad en la opinión pública solo en unos aspectos, olvidando otros, quizás más fundamentales y decisivos. A esto siempre se le ha llamado manipulación: hacer pasar una parte pequeña de la realidad, por la verdad más importante. Que cada uno vea si se está dejando manipular y por quién.
Las parábolas del Evangelio buscan, por el contrario, poner de manifiesto la realidad más importante y profunda de la vida. Por eso algunas de las parábolas de Jesús ponen nerviosas a las elites políticas y religiosas de su tiempo. Dios Padre quiere que este mundo sea como un banquete en el que todos puedan festejar y alegrarse en comunión. Los que quieran vivir su felicidad “en privado”, sin contar con los otros, mirando solo sus propios intereses, se quedarán fuera y serán condenados.
Pero Jesús no trata paternalistamente a los pobres; todos tenemos que desarrollar las capacidades que el Padre nos ha dado para el bien común; todos tenemos que vivir con rectitud y con dignidad personal. El Reino es de los pobres, pero no de los caraduras que, escudándose en sus carencias, quieren vivir a costa de los demás.
Estamos llamados a vivir agraciados, honrados, elegidos, agradecidos, acogiendo la dignidad de todos, correspondiendo al Señor con el don de nuestra propia vida.