martes, 13 de julio de 2021

El Señor es mi pastor

 

Evangelio del Domingo 18 de julio de 2021

El Señor es mi pastor, nada me falta (Marcos 6,30-34)

Hubo un tiempo en el que creía que con mi tesón, mis fuerzas y mi inteligencia podía triunfar en la vida. Creía que el mundo giraría en torno a mí, y nada me tendría que faltar. Pero vinieron las dificultades, los desengaños, las traiciones –propias-, y descubrí que una persona sola no es nada.

Hubo un tiempo en el que confiaba ciegamente en mis amigos, en mi pareja, en la fuerza que tiene la unión de voluntades para conseguir un fin. Pero vinieron las desavenencias, los celos estúpidos, las debilidades –propias y ajenas-, y descubrí que no solo las fuerzas, sino también las carencias de uno se multiplican por dos cuando somos dos.

Hubo un tiempo en el que la afirmación de la vida era el valor más grande; en el que lo cotidiano y lo pequeño se engrandecían en el valor de lo presente. Pero vino la enfermedad y el dolor, y el presente solo era un momento oscuro a la espera de más oscuridad.

Hubo un momento, definitivo, en el que comprendí que andaba cansado y desorientado, como oveja sin pastor; y me convencí –por fin- de que ni mi libertad, ni mis logros, ni mi propia vida tenía sentido si todo no toma asiento en una bondad grande que nos abraza en la alegría y el dolor, en la soledad y la compañía, en la vida y la muerte. Somos personas, no semi-dioses, y necesitamos la mirada, la guía, el abrazo y la cura del buen pastor.

Un día, Jesús de Nazaret vio a su pueblo y los vio cansados y desorientados como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles. Cuánto necesitamos la enseñanza del Buen Pastor que de sentido con su palabra a nuestra vida. Él no solo enseña y conforta, también crea, con su palabra, lo inesperado.

jueves, 8 de julio de 2021

Una fe peligrosa

 

Evangelio del Domingo 11 de julio de 2021

Una fe peligrosa (Marcos 6,7-13)

Es un dato tristemente contrastado en muchos países que el cristianismo es, en la actualidad, la religión que más perseguida. En algunos países está prohibida y en otros se la confina tras los muros de los pocos templos que se permiten, en otros se la ridiculiza y se exageran sus errores. Miles y miles de personas son represaliadas y perseguidas cada año, algunos son asesinados. Y es que la fe cristiana es peligrosa por su talante apostólico, porque la experiencia profunda de la fe nos llama a los creyentes a compartir con los demás el sentido hondo y luminoso que ofrece Cristo a nuestras vidas.

Un cristianismo de misas solemnes y ritos antiguos, o un cristianismo de folklores y tradiciones festivas, no encontrará mucha persecución; al contrario, recibirá subvenciones de quien quiere instrumentalizarla como medio de propaganda personal. Un cristianismo de sacristías hacia dentro, que no cuestiona la injusticia de la sociedad en la que vive, que no tiene en su centro los sufrimientos de los pobres, no será perseguido; un cristianismo que tenga en más importancia su beneficio que el mandato misionero de Cristo, no será perseguido.

Cuando los cristianos entramos a cuestionar una economía que descarta a los más pobres, una moral de lo políticamente correcto que pierde el horizonte de la sensatez y del bien; cuando los cristianos vivimos y anunciamos que Cristo es Señor, y que ninguno de los “señores” de este mundo es nada en comparación con él…, empezamos entonces a ganarnos la marginación y la persecución.

Cristo nos envía a ser apóstoles, a que busquemos la justicia en el mundo, a que tengamos la evangelización como prioridad de toda su vida, teniéndolo como auténtico sentido de la vida.

lunes, 28 de junio de 2021

Con la Iglesia hemos dado, Sancho

 

Evangelio del Domingo 4 de julio de 2021

“Con la Iglesia hemos dado, Sancho” (Marcos 6,1-6)

Buscaba don Quijote de la Mancha, entre las sombras de la noche, el inexistente palacio de la bella Dulcinea del Toboso. Cuando ve la sombra de un edificio alto y robusto, y piensa que había tenido éxito en su búsqueda. Al clarear el día se dio cuenta que no era palacio ninguno sino la torre de iglesia, que allí estaba. Desilusionado, pronunció esta sentencia que ha pasado a nuestro refranero como crítica a un poder institucional al que ni razones ni presiones consiguen mover.

La Iglesia sigue mostrando, a veces, un inmovilismo que justifica el dicho. Cuando mostramos recelo y rechazo contra toda novedad, cuando buscamos los defectos de todo movimiento social y lo juzgamos con dureza, cuando se pretende imponer a toda la sociedad normas morales que solo han de acogerse en la libertad de la experiencia de fe, parece que el refrán tiene razón. Y el hecho es que no faltan entre los discursos eclesiásticos condenas indiscriminadas de la filosofía moderna y de los movimientos sociales que han conseguido hacer avanzar la democracia y la libertad de nuestra sociedad.

Para que se nos escuche con empatía, y nuestras razones sobre la persona y la sociedad tengan eco, san Pablo nos ofrece un camino adecuado: el reconocimiento de las propias debilidades, y vivir con humildad la tarea de anunciar la verdad del Evangelio. Del mismo modo, Jesús –con extrañeza, pero sin condenas-, tuvo que aceptar que sus paisanos no creyeran en él, sin que ello le impidiera anunciar el Reino. También nosotros, aceptando la libertad y la diversidad de la sociedad en que vivimos, tenemos que denunciar con humildad y sin componendas, las ideologías y los comportamientos que deshumanizan, que cercenan la vida, y anunciar la misericordia de un Dios que es Padre y que siempre espera nuestra conversión.

miércoles, 23 de junio de 2021

En lo más humano, Dios.

 

Evangelio del Domingo 27 de junio de 2021

En lo más humano, Dios (Marcos 5,21-43)

Cuando Dios quiso desplegar su poder sobre la historia, para salvar a los hombres de la violencia y el sinsentido que vivimos, envió a nuestra tierra a su propio Hijo hecho hombre como nosotros, que pasó por el mundo como un hombre cualquiera, semejante en todo a nosotros excepto en el pecado.

Esta decisión inaudita e inimaginable de Dios, casi incomprensible para nosotros, nos permite descubrir el poder de Dios en lo más humano: una caricia, un sentimiento de compasión, una broma hecha con ternura, una petición de perdón… En todo lo auténticamente humano, en todo lo verdaderamente humano, está el poder de Dios para despertar la humanidad de quien lo acoge.

Si Dios hubiera querido mostrar su poder desde la imposición y la tiranía, hubiera anulado nuestra libertad y nuestra humanidad. A nadie se le puede obligar a amar; el amor solo lo suscita en nosotros quien nos ama verdaderamente, quien nos ama con paciencia, con alegría, siendo capaz de sufrir por nosotros.

En el evangelio de este domingo, Jesús se nos muestra como transmisor, como dador de vida. Quien se acerca a Jesús se encuentra con una vida que lo conforta y lo consuela, que lo levanta y lo dignifica, que le permite ponerse al servicio, él mismo, de la vida. Una mujer largo tiempo enferma y una adolescente en las puertas de la vida son las testigos del poder divino que tiene la humanidad de Jesús. Una pudo, a escondidas, acariciar su manto; otra escuchó, desde el sueño, la ternura de su voz poderosa.

Cuántas veces, también nosotros, hemos experimentado el poder divino de lo mejor de lo humano, en quien nos permitió que le acariciáramos, en palabras de ternura que nos levantaron.

lunes, 14 de junio de 2021

Oceánico poder

 

Evangelio del Domingo 20 de junio de 2021

Oceánico poder (Marcos 4,35-40)


Hubo un tiempo en el que el hombre se sentía y se creía, por derecho propio, el centro del universo: una desmesura; bien que aquel universo era pequeño y no abarcaba más que desde la cuenca del Mediterráneo hasta poco más allá de Persia, y una pequeña cúpula estrellada que lo contenía todo. Después la humanidad fue descubriendo nuevos mundos, nuevos horizontes, la inmensidad del firmamento; y el hombre tuvo que reconocer que es un pequeño grano de tierra en un mundo que no es más que una minúscula mota de polvo de todo el universo. Y para que no se nos olvide, cada cierto tiempo, viene un virus y nos hacer ver lo precario de nuestra situación.

Pero una vez que sabemos de nuestra pequeñez y vulnerabilidad, podemos disfrutar de la grandeza y del poder oceánico que se despliega en cada pequeña parte del universo. Un poder que nos habla de la grandeza y la creatividad de Quien lo creó. Al contemplar con los ojos, con los oídos y con la piel la hermosura, a veces terrible, de la creación nos sobrecogemos por la grandeza a la que pertenecemos y en la que somos: en Él vivimos, nos movemos y existimos.

Pero todavía nos admira, nos sorprende y nos sobrecoge más el saber que Quien todo lo creó nos quiere como a sus hijos; que Quien todo lo creó nos envió a su propio Hijo, el cual, muriendo por la ira y nuestra violencia de algunos, y ante la indiferencia de muchos, nos abrió, por amor, el camino de la vida eterna.

Somos una nada pequeña e insignificante que el amor de Dios eleva hasta su pecho para protegerla abrazarla. Ni las pretensiones de tu orgullo, ni el hacerte la víctima cuando vienen momentos duros tienen ningún sentido. Vivir es acoger, entregarse, crear y saberse parte del inmenso poder de Dios.

lunes, 7 de junio de 2021

El poder de lo pequeño

 

Evangelio del Domingo 13 de junio de 2021

El poder de lo pequeño (Marcos 4,26-34)

 


Parece que a Dios le gusta servirse de lo pequeño para hacer sus obras más grandes. La vida de las personas, comienza por ser una pequeña célula, insignificante, impotente, en el vientre de una mujer. Y ese pequeño embrión irá creciendo, desarrollándose hasta dar lugar a una persona con capacidad de ser libre y de amar, de ser amado y de crear. Nos dicen los astrofísicos que el universo también comenzó por una explosión de energía inimaginable que ocupaba un espacio pequeñísimo; y que fue expandiéndose y desarrollándose hasta dar lugar al cielo estrellado que, a nosotros, nos admira en las noches de verano, y a los científicos en cada nuevo descubrimiento que hacen.

A Dios le gusta lo pequeño, lo aparentemente insignificante, para realizar su obra. Por eso le gustas tú.

No son tus virtudes y capacidades lo que más ama el Padre de ti. ¡Claro que también las ama! ¡Si él mismo te las ha regalado! Pero lo que lo enamora es tu pequeñez y tu humildad, la gracia de tu espontaneidad, cuando no pretendes ser nada ante nadie, tu servicio y tu sonrisa transparentes, la belleza de tu interior.

El mundo está lleno se personas que quieren ser grandes, y que se empujan y se desplazan unas a otras. Y, como dice el refrán africano: “Cuando los elefantes se pelean quien sufre es la hierba”. Semilla que se siembra en el surco del mundo, eso hemos de ser. Si es semilla de vid o de trigo, que no crece sino unos centímetros desde el suelo, darás pan y vino; si es semilla de palmera, que despide los últimos rayos de sol, darás dátiles dulces y sabrosos.

No pretendas ser ni más ni menos de lo que eres: un hijo queriendo agradecer a su Padre su bondad, dando los frutos para los que está hecho.

lunes, 31 de mayo de 2021

Haznos buen pan

Evangelio del Domingo 6 de junio de 2021

Haznos buen pan (Marcos 14,12-26)

“Hacernos buen pan” es la llamada que, cada vez que tomamos la comunión en la eucaristía, se imprime en nuestro espíritu. Jesús hizo sacramento de su vida entregada, para que nosotros, llenos de su presencia y de su Espíritu, podamos vivir como pan bueno para todos.

Pan bueno como los voluntarios de Cáritas que se ofrecen a los inmigrantes que necesitan ayuda cuando llegan sin respaldo ninguno; o que facilitan a los mayores los trámites por internet con las administraciones públicas, que se ha convertido en otra barrera que aísla a los más pobres.

Pan bueno como las personas de tantas parroquias que buscan la manera de paliar la pobreza alimenticia y afectiva de tantas familias como nos llegan cada semana.

Pan bueno como los jóvenes cristianos que entregando su energía, su creatividad y su tiempo a los niños más desfavorecidos para que tengan la oportunidad de crecer hacia el bien, cuando tanto mal les rodea.

Pan bueno como los miembros de asociaciones vecinales, sociales y políticas que, con mareos de cabeza y sin ánimo de lucro, buscan un mundo más justo, donde crezca el bien común.

Pan bueno como los religiosos y religiosas que, aquí cerca de nosotros o en países lejanos, están siempre al lado de los más pobres para mostrarles su amistad y el rostro misericordioso del Padre.

“Haznos buen pan, Señor, en cada eucaristía en la que comulguemos tu Cuerpo, siempre inmerecidamente; y en cada oración en silencio de comunión que hagamos ante el sagrario”.